Por: La Lola Calamidades

El Artista es un intérprete de la vida
Rodrigo Torres

 

Ella puede esconderse en su casa en Detroit por años… Puede cancelar la mitad de sus conciertos y enfurecer a todos los productores y promotores del país. Puede cantar todo tipo de canciones que están por debajo de ella. Puede hacer su performance de diva y apagar el mundo. Pero, una noche cualquiera, cuando esa dama se sienta frente al piano y deja su cuerpo y alma en la canción precisa, te pondrá los pelos de punta y sabrás que sigue siendo la mejor jodida cantante que este jodido país ha producido
Billy Preston

Marzo me trajo a Aretha y ella me abrió una ventana de historia y reivindicaciones, de sonidos y letras que hablan de una época pero, sorpresivamente, también reflejan el ahora. Y es que la música tiene, entre otros muchos, ese sentido: el de narrar la vida desde la especificidad del sonido y la contundencia de las palabras.

Cuando hablo de Aretha, me refiero a la Reina del Soul, a esa mujer que cambió la historia de la música con su exquisita voz y su irrefutable temple; pero también hablo de aquella mujer afrodescendiente quien, en la década de los 60, cuando se gestaba y luego transcurría la segunda ola del feminismo y la lucha por los derechos civiles en Estados Unidos, lanzó al mundo un mensaje deletreado, para que nadie se lo perdiera, para que todos comprendieran: R-E-S-P-E-C-T!

Ya me dirán algunos que esa canción no es de ella, que es de Otis Redding y tienen toda la razón, pero esta es una de esas ocasiones en un millón, en la que el cover vence por KO a la versión original, hasta el punto de hacernos pensar que fue ella quien la compuso. En cierto modo, ¿no fue así?

Redding había lanzado la canción, allá por 1965, como single de su tercer álbum Otis Blue: Otis Redding Sings Soul y, si bien tuvo un éxito considerable, no sería hasta 1967, con la versión de Franklin, que el tema escalaría a niveles nunca antes imaginados. Hay motivos de sobra para que eso sucediera.

Es conocido que Otis Redding compuso la canción luego de que, en una de sus giras, en el autobús, conversara con el baterista de la banda, Al Jackson Jr., sobre la sensación de que no era bien tratado por su esposa cuando volvía de sus largos viajes. Así, la versión de Redding tenía un tono, hasta cierto punto suplicante, que pedía respeto hacia aquel hombre que volvía a casa, con el sustento para la familia.

(Versión de Otis Redding)

Por su lado, para 1967, Aretha se había abierto camino en la industria musical y Atlantic Records la había fichado como una de las figuras representativas del Soul. Junto a esta discográfica y bajo la producción de Jerry Wexler –también conocido por su colaboración con Ray Charles, The Drifters, Wilson Pickett, Ruth Brown, y su gran trabajo como periodista musical- lanzaron el noveno álbum de la artista, I Never Loved A Man The Way I Love You.  Para ese entonces, la joven voz de Detroit ya había lanzado su primer single, que llevaba el nombre del álbum y había logrado la atención de todo el mundo, dentro y fuera del ámbito musical, pero Respect la llevaría a la cumbre.

Aretha había escuchado el tema de Otis Redding y le gustaba lo suficiente como para hacer su propia versión, pero quiso darle otra sonoridad, experiencia y significado. Así, dejó de lado el tono suplicante de la canción original y le imprimió uno de exigencia y reciprocidad. Según Wexler,  “para Otis, la palabra ‘respeto’ tenía una connotación más tradicional, el significado más abstracto de la estima. El fervor en la voz de Aretha demandaba respeto.”[1]

La versión de Aretha tenía variaciones en la letra, que dibujaban en la mente de quien escuchase la canción, a una mujer determinada, que reconocía su valía y exigía respeto a su pareja. También dejaba ver un lado, si se quiere, sexual, evidenciado en la repetición de la frase “Sock it to me!” (¡dámelo ya!), que podía confundirse con “Suck it to me!”, una clara referencia al sexo oral pero, al respecto, la propia Reina del Soul diría: “mi hermana y yo nos juntamos. Yo vivía en un pequeño apartamento en el lado oeste de Detroit. El piano estaba ubicado junto a la venana y yo veía los carros pasar y se nos ocurrió la infame frase ‘Sock it to me’. Era un ‘cliché’ en aquella época y no fue uno que nos inventamos nosotras. Algunas chicas decían a sus compañeros ‘Sock it to me in this way or sock it to me in that way’. Nada sexual. Fue algo no sexual, solo un cliché.”[2]

A nivel musical, Atlantic Records no escatimó en gastos y contrató a los músicos de los estudios Muscle Shoals de Alabama, estado conocido por ser uno de las más importantes, en lo que a Soul sureño se refería. Adicional a esto, tomó la decisión de trabajar con el sonidista Tom Dowd, quien había colaborado con Redding en la primera versión; y, por si eso no fuese suficiente, invitó al saxofonista King Curtis y a las hermanas de Aretha, las coristas Carolyn y Erma. Todos los ingredientes estaban listos. La bomba estaba a punto de estallar.

¡Y lo hizo!

La Reina del Soul voló la cabeza de todos. Su imponente e impresionante vozarrón estalló en el lugar dejando a todos perplejos y su onda expansiva arrasó con todo a su paso. Respect permaneció en el puesto N° 1 de la lista Hot 100 de Billboard durante dos semanas, comenzando el 3 de junio de 1967, pero traspasó la barrera del tiempo, alojándose en lo más profundo de la memoria de quienes vivieron en aquella época, lucharon por reivindicaciones sociales y políticas, y  cantaron, gritaron, bailaron y sintieron la piel de gallina cuando oyeron ese deletreo desafiante: R-E-S-P-E-C-T!

Si bien la canción fue lanzada en un momento histórico importante, en el que era necesario que todos los ámbitos de la vida se alinearan a favor de derechos y causas que hoy parecen obvias (¿realmente parecen?), Aretha siempre mantuvo que su versión de Respect no estuvo directamente relacionada con el entorno y los ánimos revolucionarios de la época. “Tiempo después, fue tomada como un grito de batalla por el movimiento de derechos civiles pero cuando la grabé era más un asunto de hombre-mujer, y en un sentido más general, de persona a persona: ‘Voy a darte respeto y me gustaría tener ese respeto de vuelta’ o ‘espero el respeto que doy.’»[3]

Sin embargo, como manifestarían diferentes voces de la segunda ola del feminismo, “lo personal es político”, y las vivencias que llevan a un artista a componer o versionar una canción, por más íntimas o personales que sean, pueden llegar a trascender ese plano y convertirse en la narración sonora de una ciudad, época o movimiento, y es justamente por ese motivo, que dejan de tener “fecha de vencimiento” y que viajan a través del tiempo, recordándonos algo del pasado, interpelándonos en el presente y abriendo un camino para el futuro.

Ya lo diría Jay Z: “cuando una ‘frase’ se queda atascada en tu cabeza, como una gran melodía, y pasa a ser parte de tu vida cotidiana, es ahí cuando se convierte en algo grande. Cuando tu música refleja un momento en la cultura o continúa en el día a día de la gente, entonces sabes que hiciste un excelente trabajo.”[4]

(Versión de Aretha Franklin)

[1] Jerry Wexler, “Rhythm and the Blues: A Life in American Music”, 1993.

[2] NPR Music, Aretha Franklin: The ‘Fresh Air’ Interview, 2018.

[3] Ídem.

[4] Jaz Z, “What Makes a Classic Track”, Rolling Stone, 2011.

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