Por: Skyless Amaru

 “A dos voces”

Habían crecido juntas, la guitarra y Violeta Parra.
Cuando una llamaba, la otra venía.
La guitarra y ella se reían, lloraban, se preguntaban, se creían.
La guitarra tenía un agujero en el pecho.
Ella también.
En el día de hoy de 1967, la guitarra llamó y Violeta no vino.
Nunca más vino.

Eduardo Galeano

“Me falta algo, no sé qué es. Lo busco y no lo encuentro. Seguramente no lo hallaré jamás”manifestó Violeta del Carmen Parra Sandoval a un periodista luego del lanzamiento de su último disco.

El 5 de febrero de 1967, exactamente hace 32 años, Violeta Parra uso un revólver para quitarse la vida. Un arma obsequiada por su hermano, el famoso antipoeta Nicanor Parra; regalo que debía servir para la protección de la cantautora ante cualquier peligro que pudiera percibir en su carpa de La Reina.

La muerte de Violeta Parra sorprendió al mundo; quién podría pensar que la autora del tema “Gracias a la Vida” apretaría el gatillo con dirección hacia su sien derecha, privando al planeta entero de la existencia de, quien en vida estaba considerada como una de las mejores folkloristas de todos los tiempos.

Es precisamente ella… la cantante, poetisa, compositora, pintora, escultora, bordadora, ceramista y madre de cuatro hijos,  el personaje escogido para dedicar y celebrar el Día Internacional de la Mujer de este 2019, con un concierto muy especial en La Oficina, un sitio alojado en el tradicional barrio San Blas, a las puertas del casco histórico de Quito, donde – tal como su descripción comercial localizada en sus publicidades lo anuncia– se puede disfrutar de cerveza artesanal y compartir cultura.

Celebramos el Día Internacional de la Mujer con un especial concierto dedicado a la cantautora y artista Violeta Parra. El talentoso Dúo Manzanares de Chile estará en la tarima para interpretar los temas más emblemáticos del ícono mundial. Así es como se anuncia el evento y por supuesto al igual que a mí, a muchas otras personas les ha llamado la atención este concierto, día, lugar y dedicatoria.

Dan las 20:20 de la noche; hace algo de frío y mientras una marea humana termina de recorrer las calles de la ciudad con cánticos y consignas feministas. Entretanto los artistas Marilyn Lizama y César Villagrán alistan sus cuerdas vocales y decoran sus rostros con unas últimas espirales y un par de puntos blancos junto a sus ojos antes de salir al escenario.

La Oficina es como una  especie de agujero en el tiempo: apenas ingresas encuentras dos televisores de lo más ‘vintage’, que exponen imágenes de comerciales y películas en blanco y negro, ambas colocadas sobre dos grandes refrigeradores de enormes agarraderas metálicas, usados aquí como dispensadores de cerveza artesanal (especialidad del lugar). Todo esto pasa ante mis ojos mientras la audiencia va poblando el espacio determinado para el concierto.

Las paredes del sitio parecen guardar tanta historia como los años de su particular decoración, dotada de una atmósfera misteriosa y atemporal. Un singular cuadro de la ciudad revela un Quito que te invita a viajar por sus calles de piedra a la luz de la luna, o en este caso a la luz de una vela que reposa en cada mesa.

Una vez atravesado el primer ambiente del local me recibe una imagen de fotografía… butacas de teatro antiguo aguardan la presencia humana. Al final, un gran escenario de madera desgastada se encuentra listo para recibir a los artistas de turno.

Siendo ya las 20:30, todas las mesas están colmadas, mientras que las butacas aún tienen sitio. Paisanos nacionales, pero más que nada extranjeros siguen arribando mientras yo me abro paso entre la gente para conseguir un encuentro con los dos artistas que esta noche rinden homenaje a la “Viola de América”, y a todas las mujeres del mundo.

Conversar con los artistas de la noche fue un auténtico placer, pues ambos me concedieron una breve entrevista antes del show, pero la conversación acabaría no siendo “tan breve”. Los dos me saludan con un fuerte abrazo como si fuéramos viejos y grandes amigos que uno se encuentra luego de un largo tiempo en ausencia. Su cordialidad es un sello de calidez humana que me permite sentir de entrada, que no me equivoqué de evento, ni de lugar, para conmemorar este 5 de febrero y 8 de marzo respectivamente juntos.

Marilyn y César me invitaron a pasar a su camerino y, apenas iniciadas las formalidades de presentarse, ella me comenta que es una periodista que decidió dejar su rutina diaria por ir tras la conquista de un sueño. Esta chilena oriunda de Santiago tuvo un vínculo muy fuerte con la música a partir de las canciones de Violeta Parra. “Desde niña las canciones que mi madre me enseñó fueron de ella… la Jardinera fue la primera canción que yo canté en el colegio… el legado de la música que nosotros forjamos es un legado que Violeta impulsó al posicionar y rescatar la música campesina, desempolvando su historia y liberándola al mundo” afirmó la integrante de Manzanares.

Este dúo tiene un repertorio amplio de composiciones propias e interpretaciones inspiradas en ritmos latinoamericanos pero  fusionados a su estilo particular. César comenta que Violeta le ayudo a conocer ritmos nuevos de su tierra, muchos de ellos mezclados con un contenido político y social, lo cual llamó su atención en sobremanera desde el primer instante.  Él y su compañera de vida, y viaje, son dos autodidactas de la música; todo lo que aprendieron fue en el camino. César aprendió a tocar guitarra para no vegetar durante las vacaciones: “consejo sano de mi mamá”, asevera quien además de músico es un ingeniero industrial chileno, quién dejó su oficina atrás para reemplazarla por la travesía y el sendero del viajero.

El sueño de este par de artistas comenzó hace un año y medio cuando se plantearon recorrer con su música desde México hasta Chile por tierra, para ello renunciaron a sus empleos y tomaron  un avión que los llevo hasta territorio Azteca. A lo largo de su viaje han visitado Cuba, Guatemala, El Salvador, Honduras, Nicaragua, Costa Rica, Panamá y Colombia. Llegaron a Ecuador hace un mes y medio para continuar con su gira, que sigue camino hacia el sur, con paso por Perú, Bolivia, Argentina, Paraguay y finalmente Chile. Ambos aventureros aseguran que el mayor patrimonio que les dejó la gira son amistades: “conocer la realidad y la cultura de los países con su gente es lo más bonito… nuestra gira es una gira de amigos”.

Faltan exactamente seis minutos para las 21:00. Tocan la puerta del camerino, el dueño del local viene a anunciar a los artistas que se encuentra todo a punto para salir al escenario. Quisiera charlar con ellos mucho más tiempo, saber de sus viajes, de la gente que conocieron, de las realidades que refleja su ruta y de sus anécdotas. Pero el tiempo apremia y solo tengo espacio para un mensaje final.

“Nosotros queremos que la gente entienda que a través de la música encontramos nuestra historia. No hay futuro sin historia. Violeta por ejemplo hizo una gran labor en este punto, representando el enorme sentir de una era”. Concluye Marilyn.

Este dúo está más que de acuerdo en que cantar a Violeta hoy, es seguir sintiendo y entendiendo la vigencia de sus letras. “Las nuevas generaciones necesitan tener una visión de lo que han sido nuestras raíces, todo con un ánimo de refrescar la semilla musical. La música no es vieja por ser vieja. La música se hace vieja o se muere cuando nadie la canta y la olvida. Las canciones de Violeta tienen menos de 50 años, su vigencia está más que viva”.

Es hora de disfrutar del espectáculo. Los artistas son recibidos por un público ansioso, hay más de 200  personas esperando. Marilyn, dedica el concierto a todas las  mujeres que, justamente hoy y siempre –como ella lo reconoce– son las actrices protagónicas y el centro de la discusión para transformar la  sociedad. “Gracias por estar aquí, gracias por encontrarnos y por tener la fortuna de interpretar a Violeta, quien ha nutrido nuestro repertorio durante años.  GRACIAS A LA VIDA…

La gente se conmueve a penas escuchar el primer acorde de esta mítica canción en la guitarra de César. El lugar se llena de voces palpitantes que corean juntas esta bella melodía. Detrás de cada interpretación hay un preludio histórico que relata algunos de los pasajes de la vida de la cantautora chilena a la que se rinde homenaje. Uno tras otro los cánticos van dotando de calor y emociones al público asistente. Llegan la Jardinera, Volver a los 17, Casamiento de Negros, Arriba Quemando el Sol, El Rin del Angelito, Qué dirá el Santo Padre, entre otras.

Se hace una pausa en medio de los temas de Violeta y el dúo decide compartir con el público quiteño la canción Río Manzanares, el tema que inspiró su nombre. Los dos artistas tienen preparadas tantas sorpresas en su show que el paso del tiempo no se siente. Parece como si todos los presentes hubiéramos entrado en una cápsula del tiempo que nos llevó hasta otra época, por ahí a los años cuando Violeta soñó en su carpa del folklore en La Reina, la misma carpa que se convertiría en un referente para la cultura popular chilena, aquel sitio donde Ángel e Isabel Parra (hijos de Violeta) junto a los folkloristas Rolando Alarcón, Patricio Manns y el mismísimo Víctor Jara entre otros, pusieron las semillas de lo que sería la cultura folklórica del extremo país del sur.

Dos horas de un show incomparable le ha brindado el Dúo Manzanares a su público en La Oficina. La gente ha bailado y cantado, ha sido parte del concierto el sonido de instrumentos que acompañaron la labor de los artistas. Nostalgia, alegría y emoción se reflejó en sus rostros. Todos hemos caminado por una línea histórica este 8 de marzo, somos parte latente de este tributo a una de las mujeres más valiosas de la música y la historia de nuestro continente.

El concierto llega a su fin, el gigante coro de asistentes apaga su voz al unísono con los artistas que han dejado encendido un corazón que retumba como un tambor. Estos dos chilenos han podido trasladar a esta ciudad una de las famosas “peñas” que tanto disfrutaba Violeta, dándole el sentido que ella siempre anheló. Su sueño se ha hecho realidad a miles de kilómetros de casa.

“Violeta era pecante y picante, amiga del guitarreo y del converse y del enamore, y por bailar y payasear se le quemaban las empanadas. Gracias a la vida, que me ha dado tanto, cantó en su última canción; y una revolución la arrojó a la muerte”, afirmo Galeano sobre Violeta Parra, la misma chilena para la cual más de 200 personas cantaron esta noche en el centro de Quito.

Son más de las 23:00 y todo el mundo no quiere irse sin antes sacarse una foto con los Manzanares. Algunos piden sus autógrafos, otros los felicitan por el buen rato que nos hicieron pasar. Hemos olvidado así la cotidianidad que nos absorbe día tras día y me incluyo en esta afirmación. Nos dejamos transportar, nos envolvimos de historia y música. Viajamos y como dice Marilyn, algunos emprendimos un viaje sin retorno en medio de las canciones,  ya que después de encontrar la libertad en sus melodías y volverte viajero, viajas tanto física como espiritualmente, y eso hace que tú ya no puedas volver y seguir viviendo como vivías antes.

 

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