Por: Gorila Silente

Primera Parte

[1] Esa madrugada Skippy había tocado como nunca. Su rostro desencajado tan solo mostraba una pequeña parte del repentino éxtasis que se desencadenó, como un chorro de agua hirviente, à través de sus dedos.

Tembloroso y excitado, recordaba la presentación que, horas antes habían dado los Grape en el Fillmore East y en su imaginación recreaba a un público cuyo rostro se diluía entre su propio sudor y palabras inaudibles. Líneas de colores deformados y un montón de imágenes se multiplicaban como una miríada de chispas entre los restos de una fogata. Había sido un tremendo viaje. La Bruja Blanca se lo había advertido. “Cariño. Esta mierda te elevará más allá de lo que pudiste imaginar. No podrás ni verte los pies”.

Lo que nunca pudo entender fue el resplandor que vino en el instante en el que el jam, que habían armado en el sótano del Albert Hotel, fuera abruptamente interrumpido por aquel paquistaní. De pronto, su locuacidad se esfumó y un zumbido atravesó sus oídos como un destartalado taladro de dentista. Silencio. El mundo oscureció ante sus ojos. El temblor se había ido, pero lo que le sucedió después fue mucho peor.

Una avalancha ardiente se precipitó en su pecho. De inmediato apareció la rabia, luego el dolor, después el miedo. El miedo que había recorrido su cuerpo durante toda su vida. Ante eso, la respuesta era obvia; a la mierda todo. Se lo repitió un montón de veces para saber si no soñaba, para decirse a sí mismo que aquellas palabras le pertenecían. Lo gritó incluso frente al micrófono, mientras sus ojos se esfumaban: ¡A la mierda!

Jerry fue el primero que vino a su mente. Después Peter, Bob y luego Don. Por su cabeza se deslizaron los días en que se conocieron, las fiestas, las groupies de rostro infantil, pero más que eso pensó en la música. Y sintió que todo lo que habían conseguido había sido un engaño y que la culpa la tenían los insaciables productores de Columbia, las promociones, la fama que les habían hecho creer que debían perseguir. El mal había invadido las almas de todos, incluidas las de sus propios camaradas. Matthew fue quien comenzó todo. Es cierto. Fue gracias a él que nacieron los Grape. Pero también gracias al rencor que él y Skippy le tenían al mundo. Así era, los Grape habían nacido con la revancha y la venganza. Desde el inicio todo había estado podrido. Matthew había traído el conflicto y eso los marcó de por vida. Skippy le había entregado todo, incluso el nombre de la banda. Pero Matthew lo traicionó, lo apuñaló en el corazón, en el hígado, en la cara. Él había destruido su fe. Matthew, sí, él.

La angustia regresó. Sintió que aquella pesadilla que lo había perseguido por años nunca sería derrotada. Le era difícil entender lo que le ocurría cuando todo a su alrededor le quitaba el aliento[2]. Nadie podía entenderlo ni salvarlo. A él le correspondía tomar una decisión y actuar, de una buena vez, por el bien de todos.

Por eso, cuando vio al recepcionista paquistaní mover sus bracitos y vociferar en su lengua algún tipo de amenaza para que se callara, Skippy ante el asombro de todos, completamente decidido, arrancó su guitarra junto con el cable e inmediatamente persiguió al pequeño refugiado. El hombre salió despavorido mientras sostenía una linterna sobre su cabeza. Skip corrió tras él hasta la escalera de madera que conducía al vestíbulo.

En media persecución, y en un acceso de creatividad, posó sus endemoniados ojos en el brillante cristal de la caja de incendios que contenía un extintor y un hacha. Después de varios golpes secos, que apenas duraron varios segundos, el frenético músico se hallaba apartando restos de vidrio con las manos.

Como buen conocedor, Skip eligió el hacha. La sacó de su amarra con la mano derecha, la cual empezó a sangrar abundantemente y continuó con la caza.

Era una imagen perturbadora. Parado en el lobby, el melenudo, drogado y enloquecido canadiense sostenía un hacha brillante que goteaba sangre. Su silueta a contraluz parecía el anuncio de alguna película de terror. Enseguida, se lanzó directamente hacia un policía del vecindario, que por casualidad pasaba por allí, mientras el horrorizado recepcionista huía del edificio.

Era una mañana fría de abril de 1968 y en la ciudad de Nueva York se respiraba cierta tranquilidad. Sin embargo, frente a “la Iglesia”[3] y sudando como un loco, con el cabello salvajemente cortado y una barba que alguna vez estuvo afeitada, Skippy se encontraba en una cruzada para localizar a un montón de gente que debía ser salvada. Acababa de destruir a pedazos la puerta de la habitación, de su compañero de banda Don Stevenson, ante la atónita mirada del portero del Albert Hotel. Skippy aseguraba que Stevenson y otro de sus compañeros, Jerry Miller, eran malvados y debían ser destruidos.

Pocas horas después, salía de los Columbia Studios, esposado, en medio de un rebaño de coches patrulla. Según algunos testimonios locales; los policías esperaban encontrar una pila de cadáveres[4]. Al momento de su captura, hacha en mano, Skip estaba a punto de irrumpir en la oficina del productor David Rubinson. Lo interceptaron en el piso 52, vestido tan solo con sus pijamas.

Mientras era empujado, con violencia, Skippy tan solo acertó a pensar: ¡Alguien sálveme!

Tenía 22 años.

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Un absurdo encuentro entre extraños

¿Qué es morado y nada en el océano? / What’s purple and swims in the ocean?

De acuerdo con la historia oficial, fue al bajista Bob Mosley y al guitarrista Alexander “Skip” Spence a quienes se les ocurrió el nombre[5]. Esta pregunta, era una broma absurda cuya respuesta era Moby Grape, un popular ácido de la época. Con ella nació, en San Francisco, la agrupación más explosiva y llena de talento del rock de finales de los 60. Y también la menos afortunada. Las correspondencias con la novela de Herman Melville, acerca de la obsesión de un capitán por la enigmática ballena blanca que finalmente hundió su barco, no se harían palpables hasta mucho más tarde y de manera muy trágica.

Matthew Katz

Matthew Katz, quien había sido el mánager de Jefferson Airplane en sus primeros días, ayudó a fundar la banda alrededor de la figura del eufórico Spence. Spence era un legendario canadiense, de aspecto colorido y comportamiento explosivo, que había pasado brevemente por Quicksilver Messenger Service, y cuyo instrumento primordial era la guitarra y que, sin embargo, había sido batería en la primera alineación de los Jefferson, a petición del mismísimo Marty Balin y después de haber aprendido a tocarla en dos semanas.

Spence abandonó ese barco después del primer álbum de los Jefferson y volvió a su natural rol de guitarrista y compositor. En su debut, Jefferson Airplane había grabado y presentado algunas de las composiciones de Spence.

 

 

Jefferson Airplane a mediados de los sesenta. Desde la izquierda, Paul Kantner, Skip Spence, Marty Balin, Signe Toly Anderson, Jorma Kaukonen y Jack Casady.

El resto de los Grape eran un grupo obscenamente dotado. El guitarrista Jerry Miller había salido de gira con el rockero texano Bobby Fuller; el baterista Don Stevenson había tocado con grandes damas del blues como Etta James y Big Mama Thornton; el bajista Bob Mosley poseía una fabulosa voz. Stevenson, contaba que “cuando nos fuimos a ‘Frisco’, sentimos que nos fuimos a la tierra prometida”. Su banda de aquel entonces, The Frantics reclutó a Mosley, que venía de The Misfits. “Cuando lo conocí, pensé que era la cosa más genial que había visto en mi vida” “Bob era como un dios del surf. Tenía esta hermosa energía sobre él, era lo más macho que podías conseguir. Y cantaba mejor que cualquier hombre negro que hubiera visto”.

Además, estaba Peter Lewis, un guitarrista enérgico y versátil, cuyo repertorio abarcaba desde folk hasta country y era hijo de la estrella hollywoodense, ganadora del Oscar, Loretta Young.

Loretta Young

Luego de reunirse con Katz, “Katz dijo que Pete y yo viniéramos a San Francisco y comenzáramos una banda”, recuerda Mosley. “Así que hicimos eso, y nos pusimos en contacto con Jerry y Don, les dijimos que Katz tenía a este increíble tipo de Jefferson Airplane, Skip Spence”.

Los cinco miembros hacían una combinación irresistible. Todos ellos eran cantautores como The Band. Entre ellos pudieron armonizarse y sincronizar sus prístinas voces como los Byrds y además ser un espectáculo incendiario cuando se presentaban en vivo como los Stones, mientras que el cruce de tres guitarras proporcionaba las mismas vertiginosas y melancólicas emociones que Buffalo Springfield (aquello era idea de Spence. Skip amaba a Buffalo Springfield y solía hablar de ellos a la banda todo el tiempo y, sobre todo, de esta idea de tener tres guitarristas).

El quinteto, siempre instigado por el brioso Spence, se estableció en un club de Sausalito, California, el Ark y comenzó a ensayar en un horario regular. Después de algún tiempo los Grape “pasaron de ser una colisión extraordinaria de extraños a la banda más tensa y comentada de San Francisco”.

Skip Spence, Jerry Miller (sentado), Bob Mosley, Don Stevenson y Peter Lewis.

Moby Grape eran la novedad en toda la ciudad. Y es que se sintonizaron inmediatamente con el alma del rock and roll, con inmediatez y salvajismo. “Estuvimos en eso de actuar como punks”, explica Lewis. “Con la excepción de Skip, todos éramos músicos de club. Y los músicos de club tienen este tipo de actitud subcultural donde presionabas a todos con una especie de tontería controlada”.

El gran hermano Sam Andrew los declaró mejores que los Beatles. Estaba fascinado por el inimitable Spence. Steven Stills y Neil Young también se convirtieron en sus fanáticos. Los Buffalo Springfield alternaban los sets con los Grape, dándoles un montón de propaganda.

En octubre del ‘66, luego de haber firmado acuerdos de administración y publicación con Katz, la banda, sin saberlo, entregó la propiedad de su nombre. “Solo éramos jóvenes estúpidos”, confiesa Mosley. “Rubinson había salido de Nueva York para intentar firmarnos con la CBS. Así que Katz le dijo que, si no firmábamos contratos para renunciar al nombre, la administración y los derechos de publicación, él evitaría que el contrato se cumpliera”.

El productor David Rubinson llevó a la banda a un estudio de Hollywood, en marzo de 1967. El álbum resultante, hecho en 13 días y con tan solo $ 11.000 de presupuesto, se tituló simplemente Moby Grape.

El disco es una condensación del pop-rock más refinado y brutal de la costa oeste. Un debut absolutamente brillante, quizás el mejor de la historia del rock. Allí había cabida para el R&B, la balada, el country, el folk, el blues, el garaje y celestiales armonías vocales.

Estas canciones podían resumirlo todo en apenas un par de minutos —el corte más largo es Indifference y dura algo más de cuatro—. Eran tan frescas como instantáneas y además evitaban todo lo que sus contemporáneos habían definido como una marca de agua: no había largos y desenfocados solos a lo Grateful Dead o los mencionados Quicksilver Messenger Service, ningún tipo de improvisación o experimentación sónica que tratara de acercarse a la sensación de estar drogado y, sobre todo, nada de filosofía trascendental o letras autoindulgentes de corte hippie. Todo lo que querían decir se encontraba en la música y, sin embargo, como lo muestra la portada del álbum, también pudieron enseñar su lado más contestario y político de manera sutil, lo que no evitó que aparecieran los problemas, desde el inicio.

La fotografía de la portada fue hecha por el famoso Jim Marshall. En la versión original, se muestra a Don Stevenson “enseñando el pajarito” (haciendo un gesto obsceno con el dedo). En ediciones posteriores, este fue suprimido, para luego volver a ser restaurado. La bandera detrás de Skip Spence es en realidad una bandera de los Estados Unidos que Columbia Records decidió ocultar, seguramente debido al clima político de la época. En la versión original, la bandera es de color rojo.

Cuando se revisó la portada para quitar “el dedo”, la bandera se cambió de rojo a negro y se barajan distintas posibilidades que llevaron a tomar esta decisión, pero la más aceptada es la asociación del color rojo con el comunismo.

Al respecto, Stevenson declararía años más tarde: “(El del dedo) Ese soy yo. Eran los días de la danza en topless y también los días en que le sacabas el dedo a alguien, fue impactante. Incluso “aerografiaron” mi dedo. Creo que el álbum vendió de 850 a 900,000 copias. Esas amas de casa, en el medio oeste, se volvieron locas con el destello del pajarito en el álbum”.

La portada original del disco con el famoso gesto de Don Stevenson y la bandera roja.

La portada censurada.

Moby Grape desarrolló su sonido alrededor de tres guitarras: Jerry Miller, Peter Lewis y Skip Spence, y el brillante acompañamiento de Stevenson en la batería y el sincopado bajo de Bob Mosley, así como las armonías vocales de los cinco.

El disco se abre con la enardecida “Hey Grandma”, cuya galopante sección rítmica sostiene un canto ácido sobre la coyuntura de ‘Frisco’. Compuesta por Jerry Miller y Don Stevenson, sus reminiscencias líricas se encuentran en el verano del amor, el desenfreno y la nostalgia (SF freak scene was on my mind/ Fillmore Slim is just a-wasting time) y cuentan con un estupendo Skip Spence en la voz principal. Con el tiempo, y tras versiones que incluyen a The Move, Black Crowes o Robert Plant (un confeso admirador de los Grape) con su grupo pre-Led Zeppelin, Band of Joy, “Hey Grandma” ha resultado un clásico ineludible.

El hecho de que a pesar de que la mayoría fuesen unos totales desconocidos entre sí y que, al momento de tocar pareciesen haberse llevado de toda la vida, siempre fue un arma de doble filo. La experiencia de cada uno de sus miembros afianzó también una impronta dramática e incierta en su estilo, lo cual se va demostrando en cada corte donde pareciera que cada uno lucha por mantener su identidad.

Con “Mr Blues”, compuesta por Bob Mosley, se aprecia una muestra de cómo las armonías vocales marcaban un contrapunto perfecto con tintes blues.

Esta especie de letargo da paso a la explosiva “Fall on You”, un pop rock con contundentes letras, cortesía de Lewis, capaces de sintetizar la sofocante alienación del ser humano en unos pocos versos:


Did you ever get the feeling
That your baby’s gonna set you free?
Won’t she tell you why it’s over?
Do you sit and wonder «Was it me?»
You try and tell her she’ll be sorry
It’ll happen with somebody new
But all the time you’re worried ‘bout
The pain that’s gonna fall on youYou forgot to make a payment
And they’re gonna disconnect your phone
You better pay up what you owe
They’re gonna try and repossess your home
They want their bread in the morningPlus your next month’s payment, too
But all the time you’re worried ‘bout
The pain that’s gonna fall on youYou caught your baby cheatin’
But you say you love her any way
But all the time you’re thinkin’Just to find a way to make her pay
You think to leave her broken hearted
Is the only thing that you can do
But all the time you’re worried ‘bout
The pain that’s gonna fall on you

 

 

¿Alguna vez tuviste la sensación
de que tu nena te dejaría?
¿Te dirá por qué todo terminó?
¿Te sientas y te preguntas “¿Acaso fui yo?”
Intentas decirle que lo lamentará,
que pasará con alguien más.
Pero todo el tiempo te preocupas
de cómo el dolor caerá sobre ti.

Olvidas un pago
y te van a desconectar el teléfono.
Será mejor que pagues lo que debes.
Ellos insistirán y recuperarán tu casa
Quieren su pan por la mañana,
además de tu pago del próximo mes.
Pero todo el tiempo te preocupas
de cómo el dolor caerá sobre ti.

Atrapaste a tu nena engañándote
pero le dices que la amas de cualquier manera.
y todo el tiempo piensas
en encontrar la manera de hacerle pagar.
Crees que dejarla con el corazón roto.
es lo único que puedes hacer.
Pero todo el tiempo te preocupas
de cómo el dolor caerá sobre ti.

 

Después nos encontramos con la meliflua añoranza de “8:05”, una entrega llena de belleza sin pretensiones, con cristalinos efectos acústicos y falsetes que serían capaces de derretir el corazón al mismísimo David Crosby.

“Come in the Morning” demuestra cómo Mosley era un cantante con solvencia que, de acuerdo con la opinión de la Rolling Stone, podía fusionar a Otis Redding y Brian Wilson a partes iguales. En esta canción se puede apreciar las influencias R&B y soul, como la de Curtis Manfield, que permitieron a los Grape juguetear de manera casi perversa y planificada, con varios estilos y tendencias de la música americana.

A continuación, se puede escuchar los efectos iniciales de la primera intervención del tristemente célebre Skip Spence, se trata de Omaha, la canción que de acuerdo con la misma Rolling Stone[6] era “una cosa de poder y belleza, llena de resplandecientes coros medievales y portentosas guitarras de alta velocidad”. Fue definida, asimismo, por la misma publicación, como la número 95 entre “Las 100 mejores canciones de guitarra de todos los tiempos”.

En Omaha, las ambiciones de fundir tres guitarras de Spence, se ven realizadas de manera curiosa, porque mientras dos de ellas improvisan, una trata de llevar la armonía. Este aparente desorden carece de un gancho central y es aquí donde el estribillo (el popular Listen my friends) y el bajo de Mosley —junto con un decisivo Stevenson— permiten sostener su esencia en algo menos de dos minutos, de enmarañados encuentros entre voces e instrumentos. Esta fantástica e innovadora canción es una muestra del malogrado talento del estrambótico y embrollado Spence.

En 1985, la banda experimental neoyorquina de Anton Fier, The Golden Palominos, versionaron “Omaha” en su segundo LP, “Visions Of Excess”, con la colaboración del cantante Michael Stipe.

El pequeño interludio, a manera de respiro, de Jerry Miller “Naked If I Want To” da paso a la melodiosa “Someday”, una canción compuesta a tres manos (por Spence, Stevenson y Miller) con ecos de The Byrds y que cuenta con un brillante contraste entre el cuerpo principal de la canción, en forma de coros en falsete y un pasmoso Mosley, con la capacidad de erizar la piel a cualquiera con cierto pudor.

El rock sucio y el country tienen su espacio en “Ain’t No Use”, composición de Stevenson y Miller, una de las canciones más rítmicas y extrañas del álbum, cuyo contraste en la parte central tan solo sirve para insinuar que una posible intervención de guitarras con tintes lisérgicos, nunca será más que una simple sugerencia.

“Sitting by The Window” de Peter Lewis, es una bellísima balada de atmósfera melancólica, con ciertos toques psicodélicos que mantiene su fuerza gracias a un cuidado trabajo instrumental y la marca de fábrica de los Grape, sus angelicales voces que cabían donde quisieran, embelleciéndolo todo.

Lewis da cuenta de su mejor imaginería romántica, con un coro cantado dulcemente y las deliciosas atmósferas de su guitarra acústica.

En “Changes” se vuelve a apreciar la capacidad de Stevenson y Miller de crear gemas de puro pop con estribillos pegajosos y coros de influencia afroamericana. Una joya que podría pasar por un sencillo editado por la Motown o compuesto por el gran Sly & the Family Stone.

El “Lazy Me” de Bob Mosley, con esa entonación tan enérgica y unos sutiles acompañamientos, tanto de la guitarra acústica como de las eléctricas, dan paso a la profética canción de Skip Spence “Indifference”, la cual además se encargará de finalizar el álbum.

Y es que esta canción, cuya tensión excéntrica del tempo y los cambios, esconde varios de los síntomas que más tarde revelarían la profunda crisis emocional por la que empezaba a atravesar Skip y que terminarían por hundir a Moby Grape:

What a difference a day has made/What a difference and more of the same/What’s that song you’re singing? /Just a bell ringing in my mind/What’s that tune you’re bringing? /Just part of what there is to find

Qué diferencia ha hecho un día / Qué diferencia, más y más de lo mismo / ¿Qué canción estás cantando? / Solo es una campana sonando en mi cabeza / ¿Qué es esa melodía que traes? / Solo una parte de lo que hay que encontrar

Lo que parecía un triunfo seguro, terminó siendo un desastre. Columbia Records, destruyó la credibilidad de la banda, lanzando no menos de cinco sencillos simultáneamente. Peor aún, tres miembros del grupo fueron atrapados en actos ilícitos, que incluían drogas y libertinaje, con niñas menores de edad en su propia fiesta de lanzamiento. Y si bien se retiraron los cargos, los problemas legales, combinados con una relación cada vez más tensa con Katz, minaron el entusiasmo de la banda.

En cambio, el éxito artístico, respaldado por la crítica, gracias a su espectacular debut no tuvo la continuación esperada, debido al incremento de las disputas de sus componentes y las riñas, cada vez más insoportables, con el entrometido Katz.

Jeff Tamarkin[7] sostuvo que “La saga de los Grape es de un potencial desaprovechado, de decisiones absurdamente equivocadas, mala suerte y errores garrafales, acompañadas por parte del mejor rock and roll emergente de San Francisco. Moby Grape podían haberlo conseguido, pero se quedaron en nada, y menos.” ​

Además, las experiencias de Spence con las drogas y personajes de reputación dudosa, como dealers, criminales, chamanes y prostitutas (una de ellas, Joanna, se llamaba a sí misma “La Bruja Blanca) quebraron su frágil espíritu y le hicieron creer que se trataba de alguna especie de Mesías que debía salvar al mundo y que, además tenía la capacidad de ver el futuro. Skippy nunca volvió a ser el mismo. En palabras de Miller: “Skippy cambió radicalmente cuando fuimos a New York. Allí había gente metida en drogas más duras y un estilo de vida más extremo, y rollos muy raros. Y él se asoció, de alguna forma, con dicha gente. Skippy despareció durante un tiempo. La siguiente vez que lo vimos, se había cortado la barba, llevaba una chaqueta de cuero negra, enseñando su pecho, con algunas cadenas y sudando como un cerdo. No sé en qué estaba metido, tío, pero le había dado fuerte. Y lo siguiente que sé es que echó abajo a hachazos la puerta de mi habitación en el Albert Hotel. Dijeron en la recepción que había amenazado con un hacha al portero”. Poco después Rubinson presentó cargos en su contra y lo encerró en un siquiátrico.

Sin embargo, su leyenda no había hecho más que empezar.

Lectura recomendada:

https://www.loudersound.com/features/the-story-of-moby-grape-chaos-and-courtrooms-acid-and-white-witches

https://www.houstonpress.com/music/review-cardi-b-rodeohouston-nrg-stadium-3-1-19-11240850

https://stompandstammer.com/book-reviews/whats-big-and-purple-and-lives-in-the-ocean/

http://starling.rinet.ru/music/grape.htm

Notas al pie:

[1] Lo que dices de mí/ te besa las axilas en el filo de un hacha. (Jesús Aguado)

[2] La canción Seeing, de Alexander Skip Spence mostraba el profundo desasosiego interior del genial músico. En una de sus estrofas dice: “Can’t beat a dream of death today…Hard to get by when what greets my eye takes my breath away”.  “No se puede vencer al sueño de la muerte hoy”, “Es difícil de entender cuando lo que aparece ante mis ojos es lo que me quita el aliento”.

[3] CBS 30th Street Studio, también apodado como «La Iglesia», fue un estudio de grabación estadounidense operado por Columbia Records desde 1948 hasta 1981 ubicado en 207 East 30th Street, entre la Segunda y Tercera Avenidas en Manhattan, Nueva York.

 

[4] As recounted in Roadwork: Rock & Roll Turned Inside Out by Tom Wright, Susan Van Hecke, in which an entire chapter is devoted to the Hotel Albert

[5] http://www.musicianguide.com/biographies/1608001117/Moby-Grape.html

 

[6] https://www.rollingstone.com/music/music-album-reviews/moby-grape-2-110237/

[7] Jeff Tamarkin es un editor, autor e historiador estadounidense especializado en música y cultura popular.

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