Por: Gorila Silente

Scott fue siempre de aquellos personajes con un aura de extrañeza, el artista atormentado, el rarito. Aún y a pesar de que su prestigio creció con el tiempo, y pudo sobrellevar algunos de sus más terribles miedos, nunca pudo deshacerse de esta fama hasta el día de su muerte, acaecida hace unos pocos días.

Scott Walker, Foto: Chris Walter/WireImage

Al inicio de su carrera, con los Walker Brothers, se convirtió en un ídolo adolescente, en un crooner que según cuentan, llegó a tener más fanaticada que The Beatles. Conforme maduraba, también se acrecentaba su deseo de alejarse y encerrarse, así como de descubrirse. Sin embargo y entre sus múltiples padecimientos nerviosos se hallaba ese irreparable pánico escénico. En cierta ocasión llegó incluso a estrellar su auto, a propósito, para evitar un concierto. Esto, lejos de disminuir con el tiempo, hizo que aún antes de morir hubiese anunciado que sus canciones, con orquesta y músicos, serían otra vez interpretadas para el público, pero sin él en el escenario.

The Walker Brothers, Foto: Michael Putland/Getty Images

En 1965 y con música de imaginería pop barroca, algo de soul y doo-wop The Walker Brothers se hicieron un hueco en la escena mundial. En ese entonces, para grabar ellos no tocaban instrumentos ni componían muchas de sus canciones, ya que su repertorio se componía preferentemente de temas con orquestas y arreglos de vientos y los más sonados eran covers de canciones de parejas de compositores pop como Bacharach-David o Mann-Weil.

A pesar de que fueron construidos para ser una respuesta a The Beatles y se difundieron rumores sobre sus orígenes, los Walker no eran británicos, no eran hermanos y sus apellidos no eran Walker. Sin embargo, los estadounidenses Scott Engel, John Maus y Gary Leeds triunfaron brevemente en Inglaterra en tiempos de la invasión británica. Engel y Maus tocaban juntos cuando el baterista Leeds sugirió que formaran un trío. Alcanzaron la cima de las listas británicas con “Make It Easy on Yourself” en 1965. “The Sun ain’t Gonna Shine Anymore” repitió el éxito al año siguiente, y el grupo también tuvo recordados hits con “My Ship Is Coming In”, “(Baby) You don’t Have to Tell me” o “Another Tear Falls”, entre otros.

Durante cierto tiempo, unos meses para ser exactos, disfrutaron de una idolatría histérica entre el público británico, aunque en los Estados Unidos apenas eran reconocidos. Aún a pesar de que Scott y John podían escribir canciones originales de gran calado y emocionalidad.

The Walker Brothers, Foto: Michael Ochs Archives / Getty Images

Scott Walker, como cantante, demostró un dramatismo y un carisma de fuertes deudas con vocalistas como Jacques Brel, Tony Bennett o Frank Sinatra que, a su vez, influyó de manera profunda en artistas como David Bowie, Nick Cave, The Smiths o Radiohead o Pulp. Bowie, por sobre todos imprimió su estilo en torno a la imagen de Walker aunque Scott parecía no prestarle mucha atención.

Ya en 1967, y ante la ola de experimentación propia de la época, la música de los Walker ya no resultaba atractiva y el grupo se disolvió. Scott se volcó a su carrera en solitario, cada vez más vanguardista, prolífica y que, a finales de los años 60 le labró una gran reputación y un culto a su estética tan personal, la cual se sostenía en una ostentosa producción llena de arreglos orquestados y oscuras letras con resonancias poéticas y de tintes siniestros e introspectivos.

Durante años y con algunas reuniones esporádicas, el grupo mantuvo cierta presencia en los escenarios y grabaron algunos discos, pero fue en 1978 con Nite Flights cuando demostraron su vigencia y es que este disco, una joya seductora, oscura y trastornada es un ejemplar de esa introversión tan arriesgada, característica del espíritu de Scott. Una sensación de inquietud lo recorre todo y además se percibe un equilibrio democrático y sostenido, que permite dividir voces y canciones entre los tres miembros con gran equidad.

Para ese entonces Scott, como cantautor, se había adentrado en una especie de silencio creativo, desde fines de la década de 1960 y repensaba su propia forma de construir canciones sin estancarse en un vacío. Con Nite Flights emergió de la oscuridad hacia la oscuridad con cuatro temas increíbles por su extrañeza y elocuencia: “Niteflights”, “The Electrician”, “Shut Out” y “Fat Mama Kick”, los cuales se convirtieron en cimientos de sus trabajos posteriores, pero también retorcieron las mismas entrañas del rock.

Las canciones eran escenarios de pesadilla con ambientes sonoros adornados por grandiosos sintetizadores, esta vez Scott se había tornado en aprendiz y tras el reciente trabajo de su discípulo más directo, el Heroes de David Bowie, el cual contaba con la colaboración de Iggy Pop, Robert Fripp y Brian Eno, Scott reinventó su propio lenguaje y fue mucho más allá de las convenciones del pop rock.

Con el tiempo se ha llegado a decir que este es un álbum perdido de Scott y que es solo un leve borrador para su faceta más oscura y experimental y que se traduce en un excelente EP, que luego vendría a ser completado por el resto de los Walker. Midge Ure de Ultravox, habría de decir que “The Electrician” lo inspiró a escribir “Vienna” y, a su vez, estos temas replantearían la propia carrera de Bowie (otra vez). Scott  volvería a un nuevo silencio, que no se quebrantaría hasta 1995 con Tilt, una obra sombría llena de ambientación gótica.

Foto: Dezo Hoffman / REX / Shutterstock

A propósito de su relación con Bowie, la confesa adoración que éste sentía hacia Scott sería recompensada tiempo después. El Duque Blanco quien se distinguía por profesar su admiración, hacia ciertos artistas, trastocada por la envidia y los celos cuando estos mostraban más cualidades estéticas (ya le había sucedido con Marc Bolan) o incluso románticas (la novia de Bowie para aquel entonces era una groupie incondicional de Scott) demostraba ciertos comportamientos de amor-odio para con su padre musical.

Con el tiempo, todo esto se transformó en respeto y cariño. En una de sus anécdotas más celebradas el Camaleón recibió una felicitación, de cumpleaños, por parte de Scott Walker en su cumpleaños 50 y esto produjo que le diera una patatús (con sofoco incluido). Jarvis Cocker, mientras entrevistaba a Walker pudo obtener esta declaración:

“Hablamos varias veces sobre muchas cosas. Él quería hacer una entrevista conmigo. Esto fue hace 10 años, algo así. No la hice y no recuerdo por qué no quise hacerla. Cada vez que hablaba con él era muy bueno conmigo. Siempre estaba de mi lado y le recomendaba a la gente mis discos. Era muy generoso cuando me hablaba y siempre estaba interesado en lo que hacía.”

Para el estupendo documental de 2006 “30th Century man”, que ahonda en la carrera de Walker y en su influencia en el panorama de la música actual, David Bowie pagó toda la película e incluso aparece contando su propia experiencia con la obra de Walker. En ella, se observa la composición de The Drift, el decimotercer álbum de Walker, el cual fue lanzado el 8 de mayo de 2006 y alcanzó el número 51 en Gran Bretaña. Este fue el primer disco, de estudio, de Walker en once años y solo su tercer trabajo, desde la disolución final de The Walker Brothers en 1978.

Walker compuso las canciones para el álbum lentamente durante la década posterior al lanzamiento de Tilt. Asimismo, el soundtrack del film, con la colaboración de diversos artistas, funciona como un homenaje, que muestra el respeto y la veneración hacia la música del artista.

Scott Walker en 1969, en su programa de televisión.

Con su partida, irremplazable de por sí, se pierde la voz de uno de los más grandes e innovadores compositores del rock y se cumple además una de sus últimas voluntades y es que, por ningún asomo de duda, lo volveremos a ver en directo.

Adiós maestro.

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