Por: Rommel Aquieta N.

Mamá la libertad
Siempre la llevarás
Dentro del corazón
Te pueden corromper
Te puedes olvidar
Pero ella siempre está

Charly García. Inconsciente colectivo

Aquí, ahora, en ese espacio amplio verde tranquilo hay mucha luz de la mañana, equipos y sistemas de audio, tarimas, gente moviéndose de un lugar a otro, sonidos de prueba rompiendo el silencio: el principio de un festival, música de vanguardia, que cumple su aniversario número quince.

Aquí, ahora, en este espacio centro de la región interandina, hay cables, polvo del campo, guardias gorilescos,  instrumentos y, carpas que como bóvedas blancas albergan el talento y la pasión, los músicos con sus guitarras y su cigarrillo, que parecen casi nada, si no fuera porque son todo.  Aquí y ahora es donde comienza esta historia.

Ambato, tierra que duerme bajo el cobijo de un gigante semidormido, la cuna de los Tres Juanes, la ciudad de las flores y las frutas y hoy y desde hace varios años atrás el hogar del FFF. He viajado por casi dos horas para poder llegar hasta esta ciudad, el sitio exacto donde tendrá lugar el XV Festival de Música de Vanguardia “Festival FFF 2019”. Son las 9:35 de la mañana y las puertas de la Universidad Técnica de Ambato se abren para recibir al público asistente.

El Regenerador y el Cosmopolita son los dos escenarios donde “el motor de cambio” arranca. Se enciende entonces el sonido fuerte, la exposición de propuestas musicales me recibe con todo un performance. A penas llegando y sobre una de las tarimas me encuentro con BORIST un proyecto sonoro visual de investigación que adquiere vida con el uso de instrumentos caseros y herramientas poco convencionales para crear una exposición de ruidos especiales.

Las 10:15 y luego de retirar mi credencial oficial de prensa – que me dará acceso a todos los rincones del festival – arranco mi recorrido de identificación del sitio. Un enorme campo abierto con olor a pasto fresco es la primera imagen que me hace sentir lejos de la ciudad capital y sus murmullos constantes. Cruzo por el espacio destinado a los emprendimientos culturales para poder acercarme más hasta ese pintoresco paisaje que llama mi atención pero rápidamente encuentro a jóvenes exhibiendo su gigante y minucioso trabajo de hormiga. Tengo que hacer una parada obligatoria para explorar esta pequeña feria donde las camisetas, los stickers, las gorras, las libretas, los discos, los llaveros y demás accesorios personales se visten de marca original, diseño y sobre todo estilo.

Retomo el rumbo al enorme campo -luego de adquirir un par de recuerdos- y brevemente llego hasta el escenario Cosmopolita. Me recibe una suave alfombra verde todavía húmeda por el rocío.  A minutos de mi llegada suben a la tarima Los Nin, quienes con su Hip Hop Andino traído desde Ibarra, abren el FFF en este escenario. Su música permite a los que van llegando de a poco, disfrutar de la interacción de ritmos, melodías y lenguajes  de distintas culturas de nuestro país.

Con el paso de los minutos los pocos asistentes se convierten en un público más y más grande. Las primeras bandas en escena han preparado el terreno y colmado la atmósfera de frescura y energía. El ambiente parece listo y el festival arranca formalmente con una buena dosis de fuerza, ritmo y música.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

En el backstage del Cosmopolita, Don Bolo se encuentra listo para su presentación. La banda quiteña saluda al público y lo pone a vibrar y saltar desde el primer momento con su “criminal punk jazz”. Su música callejera  engancha de lleno a los asistentes. Los  sonidos y fusiones entre funk, punk y rock invitan a todo el mundo a liberar el cuerpo y comenzar a ser parte activa del festival. Llama mi atención que además de muchos jóvenes, hay también familias y sobre todo niños disfrutando la música. Y es que en el FFF y con mucho agrado debo decir, el espacio está abierto para todo el mundo, incluso para las mascotas y como era de esperarse, no tardan en llegar más y más asistentes, algunos de ellos acompañados de sus mejores amigos de cuatro patas.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El tiempo transcurre y entre escenario y escenario disfruto ahora de la presentación de Selva 7 & Suco Cobo, un dúo que nos trae desde el oriente ecuatoriano un mensaje claro por la conservación de la Pacha Mama. El Sol se esconde tras una capa nubosa y gris en el cielo y de a poco la lluvia se hace presente en Ambato, sin embargo eso es lo de menos para los asistentes. El público disfruta en el escenario Regenerador de los versos de Suco Cobo y la mezcla de ritmos urbanos ancestrales y populares que enmarcan su presentación.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La tarde va cayendo de a poco y todavía me falta por descubrir a algunos grupos y bandas extranjeras que forman parte del cartel que en su cumpleaños quince han preparado los organizadores del FFF. Es momento entonces de conocer a Skaimanes, una agrupación musical que llegó al festival entre carreras y anécdotas de viaje propias de los grandes artistas. Me cuenta uno de sus integrantes -rápidamente antes de salir a presentarse- que han viajado más de 48 horas directamente desde Cali-Colombia, pasando por uno y más contratiempos con la movilización de todo el grupo.

A las carreras – como decimos nosotros – terminan de colocarse su vestimenta para el show, afinan sus instrumentos y en menos de 15 minutos ya están todos sobre el escenario. Trajes negros, camisas blancas, corbatas delgadas y gafas para dar vida a su estilo descomplicado son los componentes de la imagen que proyectan los Skaimanes. Cargados  de mucha pero mucha adrenalina llegan al FFF para cubrirlo todo de una alegría explosiva con su mejor ska y reggae. La gente se pone a bailar y sin más que esperar se arma un “pogo” frente al escenario al ritmo de la música de estos talentosos artistas. Los saltos, giros y cabeceos de la multitud son la imagen perfecta para capturar en una sola fotografía, el impetuoso espíritu del festival.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Su presentación ha sido un éxito, el público no ha parado ni un solo segundo de bailar y disfrutar su música. Los abordo rápidamente para una corta entrevista y en breves palabras – todavía  recuperando el aliento – comparten conmigo el mensaje de su música y el objetivo de su trabajo artístico. “Skaimanes como banda llegan a Ambato por primera vez y es un placer encontrarnos con gente tan hermosa, nos sentimos en Ecuador como si estuviéramos jugando de locales” afirma Richard Bent, vocalista de la banda. Nuestras letras abordan la cotidianidad de manera crítica, la dura realidad, la reivindicación de la libertad. Es mejor alzar una voz de revolución por medio de la música que por medio de las armas, creemos que llega más, que así es más potente el cambio, concluye su director Juan Camilo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

A estas alturas y luego de semejante espectáculo, porque debo confesar querido lector que también fui parte también del “pogo” improvisado para liberar el espíritu al más puro estilo de los viejos tiempos, siento que he descubierto en Ambato un espacio necesario para la juventud, las propuestas artísticas, la música, el talento y el arte pero sobre todo para dejar volar la libertad desde todas sus expresiones culturales.

La tarde aún no termina de despedirse y en la memoria de mi cámara fotográfica hay espacio todavía para capturar la preparación y los detalles tras bambalinas de otra banda Quiteña que esta pronta para subir al escenario… les hablo de los Tonicamo. Su propuesta de “pop gay” como la definen con ironía y humor llega al festival con gran acogida. El público ambateño espera ansioso su presentación y por supuesto brindando una puesta en escena de altura los Tonicamo aparecen con su vestimenta provocativa y sus megamixes para romperlo todo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Los asistentes corean sus canciones con energía, bailan y disfrutan de su electropop. La presentación de este grupo cautiva tanto al público que al terminar su participación exigen una más. Suena entonces “Acero”. No tenían esto preparado afirma el vocalista de la banda, sin embargo es un enorme placer compartir todo nuestro amor con ustedes, concluye.

Antes de decirle adiós al festival y volver a la capital con una gran experiencia vivida, disfruto de una última presentación. Directamente desde Los Ángeles- EEUU, llega Love Ghost, una banda de rock alternativo cuyos integrantes parecen salidos de un poster de Nirvana. Muy jóvenes en edad pero llenos de talento, estos músicos comparten con el público un sonido grunge rock genuino. Fuerza, dinamismo y actitud brota en el escenario cuando comienzan a tocar, la gente no para de saltar y el festival alcanza un punto muy alto de interacción. Los sonidos son fuertes y lo cubren todo. No podría haber mejor despedida para mí que aquella donde puedo mirar atrás y sentir como la tierra retumba. Tal parece que el pasado histórico de esta ciudad que  ha sentido la fuerza de terremotos y erupciones volcánicas ha vuelto a revivirse este 27 de abril en el FFF.

La fuerza natural que golpeó a la ciudad en su pasado se encuentra latente en la música del presente. Los sonidos  envuelven el aire  y estoy seguro que los asistentes disfrutan y seguirán disfrutando hasta el cansancio de cada una de las propuestas musicales y artísticas reunidas aquí. El FFF ha sido designado por el Instituto de Fomento de las Artes y la Innovación como “Festival Emblemático”, lo cual lo posiciona como espacio representativo de la música nacional e internacional, aportando sobre todo a los procesos de crecimiento e impulso cultural y artístico.

Evidenciar y sentir a este  festival como un espacio de diálogo y de libre expresión es también en mi caso visibilizar el desenvolvimiento del público y de los artistas. Sus propuestas puestas en escena y sus vivencias me permiten constatar y llevarme el recuerdo de haber compartido un espacio que es y debe seguir siendo “motor de cambio”, uno donde  la gente y su libertad de decidir, bailar, expresarse y vestirse como quiere y siente… puede ser y EXISTIR.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Y es que en nuestro país todavía y a pesar de esta clase de iniciativas hay mucho por hacer y trabajar, mucho que construir y sobre todo mucho que aportar para que más festivales  como estos sigan generándose y abriendo de par en par sus puertas a nuestros artistas y sus propuestas y sobre todo a la gente y su libertad, disfrute y participación activa.

Por ahora confío que tendremos FFF para rato, así que ya saben para el próximo año, no esperen que nadie les cuente como se vivió, como se sintió y que nos regaló este maravilloso Festival. Vayan, disfruten, experimenten en carne propia y escuchen la potencia con la suena al encenderse un real MOTOR DE CAMBIO.

Share This