Por: La Lola Calamidades 

El álbum que marcó la carrera solista de Christina Rosenvinge y le abrió las puertas al universo de las historias hechas canción.

Yo No Soy Tu Ángel – Christina y Los Subterráneos (1992)

 

“A veces una mujer te quiere, pero luego deja de quererte y se va, o se enamora de otro, aunque sea un imbécil, porque eso al principio nunca se nota.”
Lo peor de todo, Ray Loriga (1992)

A inicios de 1992, yo tenía 5 años, mientras que Christina se acercaba a su cumpleaños N° 28. Ni siquiera llegaba a los 30 y ya tenía en su haber la participación en bandas como Ella y Los Neumáticos, Magia Blanca, Alex y Christina y Christina y Los Subterráneos. Pasó del punk al electropop, con toques de funk, y de este al pop naïf, para luego darle la vuelta y jugar a sus anchas con el pop de autor. Y como si esto no fuera ya suficiente, ese mismo año, en el mes de febrero, lanzó su primer álbum solista: Que Me Parta Un Rayo.

No tengo muchos recuerdos de ese año, ni de muchos otros de mi niñez, pero debo decir que la música siempre me ha permitido traer episodios del pasado, pequeños fragmentos llenos de información sensible que se entrelazan y forman un hilo conductor que me sostiene y me dibuja el camino de vuelta a casa.

Por aquel entonces, yo no era un ser que, por sí solo, escogiese qué escuchar de lo que sonaba en la radio, pero mi hermana mayor sí, o al menos eso parecía. Así que, gracias a ella (y quizás sin que ella sea consciente de esto), pude conocer los hits del momento aunque, a veces, no entendiera bien algunas palabras o el mensaje, en sí, de las canciones. Vilma Palma e Vampiros, Hombres G, New Kids on the Block, Roxette, Vanilla Ice, Duncan Dhu, Mecano, etc. eran solo algunos de los grupos que las radiodifusores pasaban una y otra vez, y se quedaron grabados en mi memoria pero, creo que no existe balada que se haya incrustado tanto en mi cabeza, y que me lleve tanto a mi niñez, como 1000 pedazos, de Christina Rosenvinge (aunque el disco se lanzara como Christina y Los Subterráneos).

 

 

1.000 Pedazos ­– Christina y Los Subterráneos (1992)

 

Yo no soy una persona de discos. Admiro a aquellos que recuerdan el año en el que salió un álbum, o cómo era la portada, o cuáles fueron las canciones que lo compusieron. Yo soy una persona de canciones, de sus letras, de los sonidos que me transportan a otros presentes, de las historias detrás de ellas. Soy una persona de canciones y 1.000 Pedazos es una de esas que hace que el corazón se te haga chiquito.

Un amigo me dijo, hace poco, que cuando escucha ese tema se imagina a la cantante, con su guitarra, en una habitación pequeña, pequeñita, en la que caben ella y él, y ella le susurra la canción al oído.

“[…] Hasta que apareció una preciosa chica rubia y alguien dijo cómo se llamaba, pero no me enteré, y se sentó en el suelo y el príncipe rana le pasó una guitarra y ella se puso a cantar con una voz que parecía estar agarrada a una cornisa con una sola mano y cantó algo sobre un corazón que pasaba la noche fuera de casa y que volvía siempre por la mañana destrozado en mil pedazos. Cuando terminó su canción todo el mundo aplaudió, y la chica rubia no dijo nada.”[1]

Y es que Christina no tenía que decir nada porque ya lo había dicho todo y de un modo que, al menos a mí, nadie me lo había dicho: con una fragilidad que me dejaba también al descubierto.

Aquella voz desapareció de mi panorama musical durante muchos años, pero volvió con fuerza, como un vendaval, cuando cursaba la universidad, primero porque una amiga no dejaba de cantar Tú Por Mí y a mí me parecía que ese era un verdadero himno a la amistad; y segundo porque los novios que duran cinco años te dejan todo: la cabeza llena de canciones, el cuerpo lleno de sensaciones y el corazón magullado.

 

Tú Por Mí – Christina y Los Subterráneos (1992)

 

Por esos años, y gracias a ese ex, conocí a Ray Loriga y me embutí casi todos sus libros. De algún modo pensaba que entendiendo a Loriga podía comprender un poco al chico en cuestión. Lo cierto es que leyendo Héroes y Lo peor de todo no pude evitar fantasear con el hecho de que esas letras eran para Christina y que esas canciones eran para Ray, porque el disco (Que me parta un rayo) tenía una dedicatoria para él y el libro (Lo peor de todo) tenía una para ella.

“Todas las chicas tienen el corazón roto. Las carreteras están atascadas durante el fin de semana. Todo el mundo quiere estar lejos de donde ha nacido. Al menos el viernes por la noche. Los bares ya no dan dos por una y en esta ciudad tienes que ganar mucho para poder beber en el centro. Los camareros han enterrado sus sonrisas porque es viernes por la noche y la gente coge todo lo que brilla. Con o sin permiso. Las niñas bonitas siempre son las que están más tristes porque saben que hay más tipos dispuestos a hacerles daño. Las niñas feas se dejan ir y bailan toda la noche solas, o unas con otras y no tienen suerte ni atrayendo las desgracias. Los tíos con coche juegan con los dados trucados y los que tienen dinero nos están viendo a todos las cartas. Las madres no duermen en toda la noche porque saben que duele pero también saben que no hay nada mejor y no acaban de decidir qué es lo más peligroso. No hay nadie que no dispare el viernes por la noche, ni hay quien esquive los disparos. Sé que no puedo esperar que estés siempre sola, lo único que te pido es que no te lo creas todo. No te fíes de los anillos de oro, ni de las carrozas de plata. Todos mentimos bien los viernes por la noche.”[2]

Y a pesar de las mentiras y las promesas sin cumplir, Christina cantaba Alguien Que Cuide De Mí y yo pensaba que sería bueno que alguien cuidase de mí también. ¿Saben? Lo que pasa con Christina es que todo lo que canta, me lo creo. Tiene ese poder de convencimiento y no necesita nada más que esa voz que, aunque bajita a veces, retumba como un eco que llega profundo, profundo.

Alguien Que Cuide De Mí – Christina y Los Subterráneos (1992)

Ray, al igual que yo, lo sabía, y no dudó un segundo en colaborar en la letra de Pulgas en el corazón y Señorita. Pancho Varona y José Nodar hicieron lo propio con Tengo una pistola, y lo demás, que es casi todo, salió de las entrañas de Christina porque, para mí, Que Me Parta Un Rayo es un álbum que muestra todos y cada uno de los pedazos de los que estaba hecha ella en aquel entonces, y de los que estoy hecha yo, quizás, hasta el sol de hoy.

El disco reflejaba todas, o casi todas (porque siempre pueden salir más conejos del gran sombrero de copa) las facetas de aquella recién estrenada cantautora y lo hacía con la fuerza transgresora y arrolladora del rock y lo sublime de las palabras precisas, en el momento exacto. Era la elegancia, el sarcasmo, la fragilidad, la irreverencia, el humor mediterráneo, el hartazgo, el dolor… Lo crudo de lo real, atrapado en no más de 40 minutos, tiempo suficiente para quedarte desarmado. Christina haciendo lo que le daba la gana y yo como en trance, viendo pasar la vida.

De esa época hasta el sol de hoy han pasado ya 27 años; yo tengo 32 años y Christina está por cumplir 55 años, con más de 10 discos en su bolsillo, colaboraciones con un puñado de artistas de la talla de Nacho Vegas, Álvaro Urquijo (Los Secretos), Alejo Stivel (Tequila), Steve Shelley y Lee Ranaldo (Sonic Youth), un reciente Premio Nacional de las Músicas Actuales (2018) y el lanzamiento de su libro Debut: cuadernos y canciones (2019), que espero llegue pronto a las librerías del país.

¿Y a qué venía todo esto?

Nada… Que el otro día pensaba en canciones que me han acompañado a través de los años y no me había fijado en que muchas de ellas componían Que Me Parta Un Rayo; así que aproveché para desempolvar los recuerdos y escribir estas líneas para, a mí manera, celebrar la vida y obra de Christina Rosenvinge, esa voz que ha marcado la ternura, fragilidad, furia, indiferencia, ironía y sagacidad que, cada tanto, uno necesita en la vida.

“Aún no he escrito la canción redonda, pero aquí seguiré hasta que lo consiga…”[3]

[1] Héroes. Ray Loriga. 1993.

[2] Héroes. Ray Loriga. 1993.

[3] Christina Rosenvinge, de un “callejón sin salida” a la plenitud artística a los 50. https://www.elindependiente.com/tendencias/cultura/2019/04/02/christina-rosenvinge-callejon-sin-salida-la-plenitud-artistica-los-50/

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