Por: La Lola Calamidades

Y con cada callejón sin salida, con cada revés, crece la sensación de que lo más importante es el viaje.

Andy Summers, El tren que no perdí

En la vida no hay certezas. Algunos llegan a esa conclusión más rápido que otros. Algunos saben que en el camino la neblina lo cubre todo, pero transitan por ese sendero con la extraña convicción de apreciar el viaje, independientemente del destino, como si, de ese modo, pudiera nacer una certeza pequeña, tambaleante, endeble, pero lo suficientemente definida como para motivarte a seguir. Intuición la llaman.

Para Gustavo Cerati esa fuerza motora guiaba el trayecto. Lo decía constantemente en sus canciones y lo replicaba aún más en su vida diaria, en sus decisiones… Más claro, en el modo en el que asumía su vida.

En alguna de las múltiples ocasiones en las que el músico fue interrogado por el estado de las cosas con Soda Stereo, la inminente separación, sus emociones y apreciaciones, las especulaciones y expectativas, el músico, de manera contundente afirmó: “todo el mundo de alguna manera capta que si uno decide separarse es porque piensa que el futuro de otra forma va a ser mejor…”[1] ¡Y vaya que lo fue!

Corría el año de 1997 y las diferencias entre Gustavo, Zeta y Charly escalaban exponencialmente. El equilibrio de la banda se disolvía entre desavenencias, crisis, desentendimientos y momentos incómodos. La cosa no daba para más y, según el propio Cerati, fue una buena señal que los tres convergieran en la decisión de separarse.

Con siete discos y once giras en su haber, Soda Stereo decía adiós a una carrera de quince años, mientras acariciaba la cima de su propio éxito. Argentina amanecía el 2 de mayo de aquel año con la noticia de la impostergable separación y Cerati compartía la famosa Carta del adiós, en el suplemento juvenil Sí, del Diario Clarín. “Cortar por lo sano es, valga la redundancia, hacer valer nuestra salud mental por sobre todo y también el respeto hacia todos nuestros fans que nos siguieron por tanto tiempo.”[2]

Las palabras de Gustavo tenían un tinte, por decir lo menos, esperanzador. Se (nos) repetía una y mil veces en cada entrevista que la decisión era para mejor, que el futuro vendría cargado de nuevas experiencias y que lo clave del asunto estaba en el viaje, no tanto en el destino.

“Uno no está todo el tiempo ahí arriba del escenario ni abajo pensando en el final sino, a lo mejor, lo que me mantiene sin tanta tristeza es pensar que nos estamos separando porque nos conviene hacerlo, porque nos gusta hacerlo así de esta forma y porque estamos pensando en ese futuro que, aunque sea incierto, representa por lo menos algo, una idea nueva frente a nuestras vidas. Entonces, eso es excitante y no da tanto espacio para la tristeza.”[3]

Y, literalmente, espacio para la tristeza hubo muy poco porque la separación de Soda Stereo trajo para Cerati un impulso creativo que desembocó en diferentes proyectos que fueron desde el pop, pasando por la música electrónica y el desarrollo de bandas sonoras, hasta experimentar con arreglos para orquesta sinfónica. Desde 1998 hasta el día de su accidente cerebro vascular (15 de mayo de 2010), Gustavo lanzó cuatro discos (Bocanada, Siempre es hoy, Ahí Vamos y Fuerza Natural) y participó en innumerables proyectos musicales como Ocio, con Flavio Etcheto y Roken, junto al mismo músico y Leandro Fresco; 11 episodios sinfónicos; y colaboraciones con Shakira, Emmanuel Horvilleur, Roger Waters, Bajofondo, etc.

Sí, Cerati disfrutaba el camino, pero nunca imaginó que en ese derrotero se cruzaría la posibilidad de ser, al menos momentáneamente, el frontman de una de las bandas que más influyó en su carrera: The Police; y menos aún, que se negaría a una propuesta de Andy Summers y Stewart Copeland por la convicción y fe en su propia carrera. Pero vamos un poco más despacio…

Era el año 1998 y el guitarrista y baterista de la icónica banda británica se embarcaron en un proyecto que conmemoraba los veinte años del lanzamiento de su álbum Outlandos d’Amour (1978). La idea era grabar un disco con algunos temas representativos de The Police, pero con bandas latinoamericanas. El producto final se llamaría Outlandos d’Americas.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Cuando Cerati recibió la llamada de invitación, en su casa de Santiago de Chile, no lo creyó. Miles Copeland, mánager de The Police y hermano del baterista, tuvo que hablar directamente con el músico argentino para negociar su participación y, al final, aceptó. ¿Cómo no hacerlo?

“Para Gustavo esa invitación era una consagración y a la vez un cierre perfecto para la etapa de Soda. Unos días después, fue a una disquería de Santiago a comprar todos los discos de The Police y volvió a escucharlos en el living de su casa con la misma concentración obsesiva con la que los había escuchado cuando se juntaban con Charly y Zeta en el cuartito arriba del garage, un verano quince años atrás. Y otra vez volvió a fascinarse con el segundo disco del grupo, Reggatta de Blanc, del que habían tomado la energía con la que se aproximaban a las canciones para el primer álbum de Soda.

Se decidió por ‘Bring On The Night’, una balada oscura que le gustaba por la forma en la que Andy Summers tejía los acordes de su guitarra entre la percusión.”[4]

 

La letra de la versión original estaba basada en Gary Gilmore, un criminal condenado a pena de muerte, cuando se restituyó esta ley en Estados Unidos, en 1977. El caso fue relevante en la época pues el mencionado convicto no realizó ningún esfuerzo para cambiar o apelar esta decisión. Al preguntarle cuáles eran sus últimas palabras, Gilmore solo dijo “Let’s do it!”.  

Cerati, por su parte, tenía una idea más poética de la canción y la tituló Tráeme La Noche. El concepto que vino a su mente era el de una persona atormentada emocionalmente, que no podía ver las cosas con claridad y solo esperaba la noche.

La versión de Gustavo no era un copy/paste de la canción original. Era una nueva aproximación depositada en un gran tema de la banda británica. El músico argentino, no satisfecho con ser el cantante, grabó también el bajo, la guitarra acústica y le dio algunas indicaciones al baterista Vinnie Colaiuta, mismo que reemplazó a Stewart Copeland, quien no pudo asistir pues se encontraba en la mitad de algunas grabaciones para bandas sonoras de dos películas.

 

Summers y Copeland alucinaron con el tema, tanto que Miles, el manager, propuso a Cerati realizar una gira con el homenaje a The Police. “Gustavo dijo que no, rechazando cualquier conversación sobre el dinero a ganar, que sería más que importante. Explicó que amaba la banda, pero que tenía en vista una carrera solista en la que debían ser centrales sus temas nuevos. Además, si aceptaba debía cantar los temas de un líder ausente al que admiraba y también mudar de instrumento. Nunca más el núcleo de control de The Police le ofreció lo mismo a otro intérprete, mucho menos hispanoparlante.”[5]

Lo que sí sucedió es que Cerati aprovechó el encuentro con Summers para nutrirse y abordar temáticas referentes a su estilo al tocar la guitarra y otras sobre el camino de una banda y de ser solista. Después de todo, las descripciones de ambos sobre sus respectivas agrupaciones tenían un punto común: la complejidad de la relación entre sus miembros; las formas, los egos, la estética… el modo de ver la vida.

“Las discusiones son un rasgo distintivo de nuestras sesiones, y siempre giran en torno a cómo debería grabarse una canción; esta fricción es un factor que contribuye a la tensión que forma parte del sonido Police, que podría ser descrito como el sonido de un difícil compromiso.” [6]

Andy Summers, El tren que no perdí

“Siempre Soda Stereo fue así: contrastado.”[7]

Gustavo Cerati, Cerati en primera persona

 

Al final, quedó Outlandos d’Americas, quedaron amistades, palabras suspendidas en el aire y proyectos inconclusos con Summers; quedó la vida que bifurcó los caminos y quedó Tráeme La Noche, que es un pedazo de canción y que, de algún modo, refleja lo incierto, eso que sucede cuando tomamos decisiones, intuyendo que el futuro va para mejor.

“Pienso que el Universo se va disponiendo de cierta manera, ¿no? Y si uno no se contrapone a ello, no fuerza demasiado las cosas, es cuestión de estar con los ojos abiertos, ¿no? Y por algo ocurren las cosas. Lo digo más allá de un sentido místico: es real. Realmente siento que el Cosmos se confabula para algo y que si uno no se pone en contra de eso, las cosas te llevan y aparecen los viejos amigos, aparecen los mimos que necesitás, aparecen las cosas que estabas buscando. Por supuesto, hay una disposición de uno, pero es solamente una parte.

La música habla por sí misma. Y bueno, si está todo a tu favor… ¡Ahí vamos! Es así.”

https://www.youtube.com/watch?v=NwoSJDhVzZw

 

[1] Aboitiz, Maitena. Cerati en primera persona. Grupo Z. Primera edición. España. 2014. Pág. 114.

[2] Ibíd. Pág. 111.

[3] Ibíd. Pág. 118.

[4] Morris, Juan. Cerati. La biografía. Penguin Random House Grupo Editorial. Primera edición. Colombia. 2015.. Pág. 191.

[5] Polimeni, Carlos. El día que Charly saltó. Editorial Planeta. Primera edición. Argentina. 2017. Pág. 183

[6] Summers, Andy. El tren que no perdí. Global Rhythm. Primera edición. España. 2007. Pág. 231.

[7] Aboitiz, Maitena. Cerati en primera persona. Grupo Z. Primera edición. España. 2014. Pág. 331.

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