Por: Gorila Silente

Hay un punk; vilipendiado por una mayoría de gusto suavizado e idolatrado por una minoría nostálgica que, muchas veces, se aferra a él de manera enfermiza. Hay también otro punk que se disfraza de acuerdo con las circunstancias; a ratos juguetón, a ratos violento, a ratos ridiculizado y ‘carnavalizado’ a través de su estética o de sus propios extremos y limitaciones técnicas.

Hay, sin embargo, para algunos de nosotros, un tercer lado: el punk auténtico, aquel que rescató al rock de su propio aburrimiento, el rocanrol simple y directo; el contestario, el inconformista, el rebelde.

El buen punk jamás te deja indiferente, siempre hay algo de provocación seductora que jamás envejece en él, un cuestionamiento sobre el peligro de encontrarse en la zona de confort, una pedrada a los valores tradicionales y a la pretendida estabilidad de una sociedad acomodada, el desprecio al consumismo desmedido y a veces, con amargura, el punk se convierte también en una diatriba en contra de lo artificial, lo premeditado y lo prefabricado.

Es así como con el punk, en sus mejores vertientes, usa el humor, la violencia o el sarcasmo como herramientas para construir una sátira de nuestra sociedad, de las ideologías políticas de turno, de la propia música, del negocio en el que ésta se ha convertido hasta hacerla un producto inocuo, sin espíritu y, sobre todo, con la infinita capacidad de ser una maquinaria repetitiva y autocomplaciente.

Y hubo muchos que representaron esta actitud, a través de los años, no solo con sus letras o su vestimenta, sino que lo canalizaron en música audaz (Buzzcocks, The Clash, Wire) y uno hubo unos pocos que, a veces sin proponérselo, trataron de hacer una obra personal, diversa y experimental. Fue en ese momento cuando nacieron inminentes pioneros, salvajes artistas que nunca pretendieron darle ninguna concesión al público, fue en ese tipo de repentinas conjunciones de genialidad, actitud y talento en las que emergió Big Black.

Orígenes en solitario

Steve Albini era un tipo que solo quería hacer punk y entre sus planes no estaba el concebir una de las bandas más innovadoras de la escena independiente de mediados de los 80, un futuro referente para todo el movimiento que vendría décadas después. Y es que, desde sus inicios, Big Black no quiso complacer al público, quería subvertirlo, quería que todos se molestasen y se levantaran de sus asientos llenos de ira.

Albini pasó buena parte de su niñez y adolescencia en Missoula, en el estado de Montana, un pequeño poblado que hoy en día no cuenta con más de 60.000 habitantes. Sus limitadas alternativas culturales, y de entretenimiento, influyeron en las futuras letras de sus canciones.

Steve Albini – Fuente no especificada.

Para ese entonces, la familia Albini se mudaba con frecuencia, antes de quedarse definitivamente en Missoula, en 1974.  Steve era un niño flaco, con gafas, de aspecto “nerd” y que tenía una conducta irascible y extrema. Debido a esto, su fama de solitario lo acompañó hasta la escuela secundaria. En 1979, mientras se recobraba de una lesión en la pierna, ocasionada por un accidente en motocicleta, Albini encontró con que matar el tiempo libre aprendiendo a tocar el bajo y la guitarra, por sus propios medios. Sus primeras influencias musicales vinieron del punk rock, animado por un compañero de clase. Entre sus agrupaciones favoritas se hallaban The Stooges, Ramones, Television, Suicide, Wire, The Fall, The Velvet Underground, The Birthday Party, Public Image Ltd. y Killing Joke. Además, tras devorar todo lo que pudiera encontrar acerca de la incipiente escena punk en la prensa musical, el pequeño Albini se volvió un coleccionista de discos y desarrolló un gusto obsesivo por el suicidio.

Empezó a tocar en algunos grupos de manera fugaz, como en la banda colegial de punk Just Ducky. Al terminar el instituto, en 1980, Albini se mudó a Evanston, Illinois, donde estudió periodismo y arte en la Northwestern University. Y ya desde entonces, su actitud inconformista se reflejaba en un mordaz estilo a la hora de escribir artículos. En Chicago, Albini colaboró con revistas como Matter (y después en Forced Exposure de Boston) y se sumergió en la escena local, convirtiéndose en un ardiente entusiasta de la agrupación Naked Raygun. Fue un activo cronista de la naciente escena punk rock, adjudicándose un gran prestigio por sus fuertes convicciones y, sobre todo, por su franqueza. Durante esta época, asimismo, empezó a grabar a grupos, dando sus primeros pasos como ingeniero de sonido.

Roland TR-606, fuente: Wikipedia.

Bulldozer, condones, sangre y Bruce Lee

Y como era natural, transcurrido algún tiempo, Albini decidió tener una banda propia. Estuvo brevemente en el grupo “new wave” Stations; época en la que Albini adquirió una caja de ritmos Roland TR-606[1], el legendario “Roland”, que usó para solventar las labores de percusión.

Sin embargo, resultaba que nadie quería formarla con él y frustrado por su incapacidad para comenzar con su sueño, tomó la decisión de hacerlo todo por su cuenta.

Así que se hizo de una máquina de cinta de cuatro pistas, a cambio de una caja de cerveza y pasó sus vacaciones de primavera, en su habitación, grabando un EP con seis canciones. Tocó todas las partes de la guitarra y el bajo, hizo las voces y dejó al cuidado de “Roland” la batería.

El EP se llamó Lungs, para el que empleó, por primera vez, el nombre de Big Black. Steve Albini había entrado al mundo del rock con un rústico trabajo que permeaba entre el punk, el new wave, el noise, el synth pop, el minimalismo y el hardcore. Fue grabado en dos apartamentos diferentes. Albini está a cargo de todo, excepto por un saxo, cortesía de por John Bohnen. Además del sonido de la guitarra; un constante y atronador zumbido, aumentado por un Casiotone, preludio de lo que será la marca de agua de Big Black, lo que prima aquí -como marca distintiva- es la temática y es allí donde se agita el avispero.  La moralidad no era un tema atractivo para Steve y lo expresa sin miramientos en “I Can Be Killed”, donde habla de la muerte (incluso la de los padres) como única solución, o en “Steelworker” en la que ensalza la vida primitiva y su violencia, dirigida expresamente contra instituciones y valores (The only good policeman is a dead one/ The only good laws aren’t enforced), así como “Dead Billy” que trata de bueno, veamos, la fornicación con un soldado muerto.

Con la autoría de Big Black, atribuida por Albini, un pequeño sello local del área de Chicago, Ruthless Records, lo lanzó a finales de 1982, en una edición limitada de 1.500 copias. Éstas venían acompañadas de “merchandising” como condones, trozos de papel llenos de sangre, entradas para conciertos o calcomanías de Bruce Lee[2].

Si bien la respuesta a este atrevido inicio fue mixta, Albini había experimentado finalmente la sensación de grabar, componer y encontrarse en el lado creativo de la música.  Además, su explosiva energía lo tenía enfocado en presentar a una alineación de Big Black que pudiera tocar en vivo.

Lo que vino después, no pudo ser más que una confirmación, casi labrada por el destino, de que Big Black tenía que materializarse; a comienzos de 1983, Albini convenció a Jeff Pezzati, voz principal de su idolatrada Naked Raygun, de ser parte del nuevo grupo como bajista. Asimismo, durante un ensayo en el sótano de Pezzati, Santiago Durango, quien también vivía en el edificio y era el guitarrista de Naked Raygun, fue a su encuentro y se ofreció a ser miembro.

Hijo de un médico colombiano que había ido a Estados Unidos para estudiar en la Universidad de Illinois, Durango era, como Albini, también un inadaptado social que encontró una vía de escape, para sus frustraciones, en el punk. Estuvo en una banda llamada Silver Abuse en 1979, antes de unirse a los Naked. Albini y Durango congeniaron inmediatamente y éste se convirtió en un miembro permanente de Big Black. Entre ambos, crearon un sonido característico que se dividía en el trabajo poderoso, y lleno de riffs intensos, de Durango y el tono carrasposo y metálico de Albini y su infaltable Travis Bean 500[3].

El EP Bulldozer, de 1983, se grabó con la nueva formación, incluyendo a “Roland” en los créditos. En esta ocasión, Albini y compañía tuvieron acceso a un estudio de grabación de 24 pistas y la colaboración de un ingeniero y productor, Iain Burgess, el cual comprendía las intenciones de Steve.

El producto es un paso agigantado, con respecto a Lungs. Bulldozer es el primer registro del sonido definitivo y siniestro de Big Black. Empaquetado y distribuido en una funda de acero, especialmente fabricada, Bulldozer recibió mayor atención por parte de la prensa musical independiente. Gracias a este espaldarazo, comenzaron los preparativos para el tercer EP de la banda, Racer-X de 1984, además de una gira y una mejor distribución gracias a un acuerdo con Homestead Records.

Big Black, desde un inicio trataba, abiertamente, temas como la mutilación, el asesinato, la violación, el abuso infantil, el incendio provocado, la autoinmolación, el racismo y la misoginia. Su fanaticada y sus detractores estaban de acuerdo en algo, los Black eran un grupo que no reconocía límites. Si bien, no abogaban por el comportamiento criminal de sus canciones, había una entrega en su música que no pasó desapercibida entre un público más acostumbrado a un punk que hablaba levemente de política o de fastidiar al sistema y de pasarla bien.

A su vez, era una banda que conservaba intacto sus ideales a la hora de hacer negocios. Pagaron por sus propias grabaciones, reservaron sus propios espectáculos y manejaron su propia publicidad. Su actitud los mantuvo independientes (en el sentido total de la palabra) en una época en la que muchas bandas indie ansiaban ávidamente la bendición de las grandes discográficas.

Steve Albini, fuente: Getty Images

Y con Albini también ocupado, al ciento por ciento, en su labor de articulista para varios fanzines, en los que hablaba, sin desparpajo, de los bajos estándares éticos y musicales de los miembros de la industria musical, junto con sus consabidas obsesiones personales, se granjeó la reputación de ser el tipo más cabreado del rock & roll[4].

Cada vez que hablo con una banda que está a punto de firmar con un sello importante, siempre termino pensando en ellos en un contexto particular. Me imagino una trinchera, de unos cuatro pies de ancho y cinco pies de profundidad, tal vez sesenta yardas de largo, llena de goteante y podrida mierda. Me imagino a estas personas, algunas de ellas buenas amigas, algunas apenas conocidas, en un extremo de esta trinchera. También me imagino a un lacayo, sin rostro, de la industria en el otro extremo, con una pluma estilográfica y un contrato a la espera de ser firmado. Nadie puede ver lo que está impreso en el contrato. Está demasiado lejos y, además, el hedor de mierda hace que los ojos de todos se llenen de lágrimas. El lacayo grita a todos que el primero en nadar dentro de la trinchera firma el contrato. Todos se zambullen y luchan furiosamente para llegar al otro extremo. Dos personas llegan simultáneamente y comienzan una cruenta riña, arañándose y sumergiéndose en toda esa mierda. Finalmente, uno de ellos capitula y solo queda uno. Alcanza el bolígrafo, pero el lacayo dice: “En realidad, creo que necesitas un poco más de trabajo. Nada de nuevo, por favor. Regresa”. Y éste lo hace, por supuesto[5].

Atomizer y la gloria

La formación clásica: Riley, Albini y Durango. Fuente: Wikipedia.

 En 1984, Pezzati, optó por entregar todo su tiempo a Naked Raygun y se separó amigablemente, mientras que, por el contrario, Durango abandonó a los Raygun para dedicarse por completo a los Black. El bajista de estudio, Dave Riley, fue designado nuevo miembro. Con todo a punto, los Black comenzaron a trabajar en su primer álbum de larga duración.
Atomizer, de 1985, fue un contundente muestrario de su audacia musical y lírica, tapizado (como no podía ser de otra manera) de violencia de todo tipo, que cimentó la leyenda del grupo. Se convirtió en un éxito clandestino, con un Albini despotricando contra la tecnología de grabación digital cuando fue editado en disco compacto[6].

Con el tiempo Atomizer se ha convertido en un verdadero álbum de culto, hasta incluirlo en la archifamosa lista 1001 Albums You Must Hear Before You Die. Sus temáticas, se caracterizan por no ser nada habituales para la época (desde la autoinmolación producto del aburrimiento de los pueblos pequeños en “Kerosene”, el abuso sexual trabajado con el punto de vista del delincuente, la ignorancia, la corrupción policial en “Big Money” o la violencia doméstica de “Fists Of Love” y “Stinking Drunk”, hasta la política exterior estadounidense y los trastornos de estrés postraumático).

Musicalmente, Atomizer es un compendio de ritmos agresivos, por parte de “Roland”, las guitarras asesinas de Steve Albini y Santiago Durango, y un trabajo impecable de Dave Riley. Adelantado para su tiempo, los memorables riffs, como la legendaria e irrepetible introducción de “Kerosene” también muestra a un Albini en su forma lírica más concisa y oscura. El disco fue un precursor de la escena musical industrial que se aproximaba, al tiempo que establecía un sonido desafiante que, varios años después grupos como Atari Teenage Riot, Nine Inch Nails, The Jesus & Mary Chain, Courtney Love, Ministry o Lightning Bolt lograrían con ingredientes similares.

Sin embargo y a pesar del éxito comercial y artístico, el grupo no percibió lo que creía justo de las ganancias. Tras el lanzamiento del sencillo “El Duce”, se separaron de Homestead y firmaron un nuevo acuerdo de distribución con Touch & Go Records, cuyo dueño, Corey Rusk, era un amigo de confianza de Albini y la banda.

Fuente: https://cdn.shopify.com/s/files/1/1545/2923/articles/big-black-band-bw-170505_1920x.jpg?v=1494016205

El primer lanzamiento de Big Black para Touch & Go fue el EP Headache, de 1987; presentando una foto de la víctima de un accidente automovilístico, cuya cabeza se había partido en dos. La música, sin embargo, no estuvo a la altura de Atomizer e incluso el disco llegó a distribuirse con una advertencia “No es tan bueno como Atomizer, ¡así que no te hagas ilusiones, salud!” Aparecieron tensiones dentro de la banda, ya que se les hacía difícil adaptarse al nuevo horario y exigencias y parecía, además, que Albini y Durango encontraban difícil trabajar con Riley.

Big Black destruyendo su equipo. Fuente: http://www.savetier.eu/what-happened-to-big-black

Santiago Durango decidió regresar a la facultad de derecho, en el otoño de 1987, y los lo demás vieron como una señal para dejarlo. En la cúspide de su éxito y comulgando con su propia filosofía, Big Black anunció su ruptura con el mayor anticipo, y grabó un álbum final, en parte grabado en Londres y en el nuevo estudio casero de Albini, con giras de despedida en Europa y Estados Unidos, en el verano de 1987, celebrando su último concierto, en Seattle, el 11 de agosto donde simbólicamente destruyeron sus instrumentos, al final de la presentación.

El álbum resultante, lanzado por Touch & Go es el extraordinario Songs About Fucking, una obra maestra fragosa que, a la postre, se convirtió en el álbum más exitoso del grupo. Compuesto de 14 canciones, cuyo tema más largo bordea los tres minutos, tiene la justa dosis incisiva de aullidos y chirridos. Es un golpe directo a la mandíbula, construyendo con maestría el sonido definitivo de la banda. Un estupendo Albini dándolo todo de sí, con un Durango que domina la ejecución de la atmósfera en todo momento, y Dave Riley y “Roland” compartiendo un affair tenso y apasionado. Y por supuesto, el universo lírico de Albini se ve adornado por personajes y situaciones de variopinto origen y motivación: camiones monstruo, asesinos, modelos (un excelente tributo a Kraftwerk), técnicas de asesinato colombianas, droga en el pan, cadáveres en un estanque, etc.

Después de la separación, Albini estaba satisfecho con lo que había logrado y como el mismo expresó:

“Para nosotros no significaba nada ser populares o no, o si vendíamos millones de discos o ninguno, siempre y cuando fuéramos invulnerables a las tácticas de las comadrejas de la escena musical buscando que cometiéramos errores bajo la promesa del éxito. Para nosotros, cada momento que resistimos libres de grilletes y control fue un éxito. Nunca tuvimos un mánager. Nunca tuvimos un agente de contratación. Nunca tuvimos un abogado. Nunca tomamos un adelanto de una compañía discográfica. Nosotros alquilamos nuestras propias giras, pagamos nuestras facturas, cometimos nuestros errores y nunca tuvimos a nadie que nos protegiera de la verdad o de las consecuencias. Los resultados de esa metodología hablan por sí mismos: nadie nos dijo nunca lo que debíamos hacer y nadie tocó nuestro dinero.”

Comenzó una carrera célebre como productor e ingeniero, grabando sesiones para artistas de la talla de Nirvana, Breeders, Pixies, Superchunk, Bush y Jimmy Page & Robert Plant.

Abrió su propio estudio de grabación en Chicago, Electrical Audio y distribuyó su tiempo con algunos proyectos personales como Rapeman y Shellac. Hoy es una leyenda viva que recibe a artistas en su estudio y cobra únicamente por su tiempo, dejando libre y gratuito uso de las instalaciones a amigos o músicos que él respete y que quieran dirigir su propia sesión de grabación. Riley fue miembro del grupo Bull; pero en 1995, quedó incapacitado debido a un derrame cerebral que fue tratado, por la prensa amarillista, como un intento de suicidio, mientras que Santiago Durango estuvo durante un tiempo con el grupo Arsenal y grabó con Boss Hog. Su carrera en la música ha quedado en segundo plano, debido a su práctica como abogado; sus clientes incluyen Touch & Go Records y la célebre groupie y artista Cynthia Plaster Caster.

Al inicio de su carrera, Albini solo quería hacer punk, pero hizo mucho más: Big Black se ha convertido en una gran influencia en la música industrial y el post-punk actual, así como en desarrollo de géneros como el gótico, el hardcore o el indie en general. Por su actitud, sus convicciones y su forma de ver la vida, Albini es un verdadero punk, pero su música sobrepasa cualquier etiqueta o categoría y eso es lo que, finalmente, más le agradecemos.

Fuente: http://www.savetier.eu/what-happened-to-big-black

Notas al pie.

[1] El “Roland TR-606 Drumatix” es una caja de ritmos, de síntesis analógica programable, diseñada y fabricada por Roland Corporation, de 1981 a 1984. El TR-606 fue diseñado originalmente para usarse con el Roland TB-303, un sintetizador de bajos analógico monofónico. El objetivo de ambos era proporcionar un simple bajo y una batería, es decir, acompañamiento para guitarristas que deseasen practicar sin bandas o que no tuvieran la posibilidad de hacerlo.

[2] “Big Black, los últimos románticos” https://hipersonica.com/noticias/big-black-los-ultimos-romanticos/

[3] Travis Bean (1947-2011) fue un luthier californiano, pionero en el diseño de instrumentos con mástil de aluminio. Aficionado al motociclismo, decidió que un mástil de aluminio podría ser un gran paso en el diseño y construcción de la guitarra eléctrica. En 1974 fundó una compañía que llevaría su propio nombre, y que fundó junto a Marc McElwee y Gary Kramer.

[4] Allmusic, Big Black. https://www.allmusic.com/artist/big-black-mn0000758520/biography

[5] Albini Steve, The Problem With Music, aparecido originalmente en Maximum Rock ‘n’ Roll magazine. https://www.negativland.com/news/?page_id=17

[6] “Este disco compacto, compilado para explotar a aquellos de ustedes lo suficientemente crédulos como para poseer el maldito sistema de música digital de primera generación, contiene grabaciones másters totalmente analógicas. Los discos compactos son bastante duraderos, siendo esta su única ventaja sobre los medios de música reales. Deberías aprovechar cada oportunidad para rasgarlos, tomar huellas digitales y comer sándwiches de huevo y tocino sobre ellos. No te preocupes por su longevidad, ya que Philips los declarará obsoletos cuando comience la próxima fase de la bonanza tecnológica que exprime el mercado». Declaración de Albini, para la reedición de Atomizer de 1992.

Share This