Por: Ramiro Morejon V.

Sacar belleza de este caos, es virtud.

Gustavo Cerati

El 2002 fue un año histórico para el rock argentino: por primera vez en su historia, Charly García, Fito Páez y Gustavo Cerati compartían un escenario y una celda la misma noche en Quito. Entre ellos estaba un joven músico y cineasta con una guitarra y una cámara de video en la mano para registrar este acontecimiento.

Este personaje es nada más y nada menos que Gonzalo Aloras, guitarrista de Fito Páez en ese entonces, quien grabó en cintas algunos detalles del encierro que compartió con estos tres representantes del rock argentino y algunos de sus músicos, tales como Pedro Moscuzza, Leandro Fresco, Flavio Etcheto y Kiuge Hayashida.

Sobre eso se sabe lo suficiente: fue un 28 de diciembre de 2002 en el Coliseo General Rumiñahui. Esa noche se llevaba a cabo el Megaconcierto, un festival musical que convocó a los tres músicos argentinos, así como a los ecuatorianos Cruks en Karnak y a los colombianos Aterciopelados. En cuanto a los artistas argentinos, Gustavo fue el primero en presentarse, luego Fito y finalmente Charly intentó cerrar el show. Sí, quedó en un mero intento, pues nunca tocó. Previamente invitó a las personas a pasarse las barreras de las localidades para que puedan acercarse al escenario, insultó a sonidistas, golpeó los equipos y se fue.

“No me acuerdo de mucho la verdad, solo que tocamos y me fui. No vi nada del despelote”, respondió Sergio Sacoto, vocalista de la banda ecuatoriana, cuando le pregunté sobre su concierto de esa noche. Los Aterciopelados nunca contestaron.

Qué pasó esa noche:

Y ¿Quién es Gonzalo Aloras y qué hacía esa noche con una cámara?

Este septiembre, al cumplirse cinco años de la publicación del video en el que aparecen García, Páez y Cerati detenidos en Quito, denominado Un fierrín y que tiene una duración de cuatro minutos, le hice esta pregunta a Gonzalo.

Todo se remonta a finales de los 90s, cuando empezó con este proyecto de road movie rockumental; es decir, una película de viaje sobre su experiencia musical dentro del rock argentino.

Tras terminar su carrera de cine y dedicarse a la docencia en la Escuela de Cine y Televisión de Rosario, Argentina, inició la grabación de su primer disco como solista, denominado Algo vuela. Ese fue el momento indicado para juntar sus dos pasiones.

Algo vuela:

“Ese era el momento ideal de mi vida para iniciar a registrar y unir esos dos universos que eran el mundo musical y, por otro, el mundo cinematográfico y documentalista”, me contó Gonzalo hace un par de semanas en una videollamada que duró algo más de 30 minutos.

Desde esos años empezó con un registro de situaciones musicales y personales con algún valor cultural, musical o cinematográfico, pensando siempre en ese proyecto de roadmovie rockumental, en el cual una de las escenas centrales es la detención de Charly, Fito y Gustavo en Quito.

“Esta escena es una de las centrales; publicarla gratuitamente fue un gesto de ofrecimiento, de apertura y de amor por los propios músicos. Mucha gente intentó comprarme el video, muchas personas querían la primicia y se peleaban por verla. Con su difusión yo lo que quería era demostrar un interés más afectivo, artístico y cinematográfico que comercial”, narró Aloras sobre la publicación del video Un fierrín.

En ese entonces, ese registro espontáneo y cotidiano con una cámara no era usual. A pesar de ello, en el video de Charly detenido en Quito nadie mira a la cámara, es como si la misma no estuviese ahí.

“Una de las grandes características y uno de los grandes hallazgos cinematográficos en ese video es que nadie mira a la cámara, esto es prácticamente imposible hoy día, porque todos estamos preocupados por saber dónde está la lente, la selfie, la cámara. Esa subjetividad en esa época no estaba en funcionamiento”, decía Gonzalo esa tarde que conversamos.

Además de esta subjetividad, otra de las razones por la que los músicos no miran a la cámara es porque se acostumbraron a ver a Gonzalo con una de ellas, pues pasó un año entero registrando todo lo que sucedía con la banda de Fito Páez, entre pruebas de sonido, ensayos, viajes y conciertos. Y este proceso, como dice Aloras, no era un turismo audiovisual, sino un ejercicio de reconocimiento y admiración frente a todo lo que sucedía.

“Mi estrategia fue muy clara: cuando iba a terminar el primer año de gira tenía planificado realizar un pequeño cortometraje con el material registrado de esa gira y ese iba a hacer mi obsequio al equipo a la banda”, sostenía Gonzalo, quien al empezar el segundo año de gira con Fito Páez presentó este material al equipo de músicos y técnicos. El proceso de prostproducción lo hizo durante ese verano con Pablo Cabrejos, mientras el resto de integrantes estaban de vacaciones.

El vuelo en el que Fito Páez conoció a Gonzalo Aloras

Pero, ¿Cómo llegó Gonzalo Aloras a tocar con Fito Páez? Sencillamente, este músico cineasta se encontraba preparando su primer disco como solista, tras haber editado otro con su banda Mortadela Rancia, al que titularon Ciudad Paranoia, cuando recibió varias llamadas de sus amigos en las que le decían que en un diario argentino aparecía el nombre de su disco y su banda. La nota era una entrevista a Fito Páez, quien aseguraba que escucharlo había sido una revelación.

El disco que sorprendió a Fito:

Todo ocurrió cuando Páez se encontraba viajando a New York a producir su disco Abre con Phil Ramone. Durante el vuelo pudo escuchar a Mortadela Rancia de Gonzalo, quien compartía sonidos con Lisandro Falcone en el bajo y Diego Giordano en la batería.

Uno de los ensayos de Mortadela Rancia:

Cuando le pregunté a Gonzalo sobre su reacción al enterarse lo que decía Fito sobre su disco me dijo entre risas: “ese momento salí a comprar el diario”.

Desde ese instante se generaron varios encuentros entre ellos. Uno de estos fue la visita de Fito a Rosario para felicitar a la banda y ofrecer toda su ayuda para editar el disco. Eso fue un 21 de septiembre, el mismo mes en que Gonzalo Aloras publicó su video sobre la detención de Charly en Quito. “Son esas fechas que uno no puede olvidar, y eso va a tener su festejo de mi lado”, me dijo antes de terminar la entrevista y salir a su encuentro con el cine y con la música.

“Quién lo hubiera pensado, hoy éramos leyendas del rock y ahora presos en Ecuador”

Es lo que dice Charly García cuando está detenido en Quito y sale registrado en el video de Aloras. “Esa noche yo tenía esa libertad de poder filmar a Charly, a mí mismo, a la policía, a Fito y nadie mira a la lente, grabar eso fue un proceso más ligado a la idea del cine clásico, donde los actores no tienen que dar presencia de una cámara, sino que tienen que hacer de cuenta que eso no está”, contaba Aloras.

Casi al final del video, en el minuto tres y medio, Gonzalo hace un zoom out desde Fito y Charly que están tocando la guitarra hacia él, quien está frente a un espejo.

“Cuando encontré un espejo en esa especie de celda fue una gran sorpresa, no me faltaba nada para tener una escena perfecta. Tenía un espejo en el que podía mostrar un detrás de cámara para exponer que ahí había un camarógrafo, que no era un periodista, ni reportero gráfico, ni paparazi, era uno del propio equipo que grababa”, enfatizó Aloras.

Visualmente, para Aloras, esa escena es un ejercicio de salirse de esa realidad para situarse o mirarse en el espejo y evidenciar que uno forma parte de ese proceso. Así, su relación con la cámara no es la misma que puede tener un turista que va filmando todo por esa sensación que despiertan las cosas nuevas; Gonzalo ya se pensaba desde afuera y adentro en su condición de narrador, por eso realizó ese registro de su presencia en esa celda.

De esa noche, no solo existe el video de la detención sino también algunas escenas del concierto de Gustavo Cerati, que también formarían parte de este rockumental. Posteriormente subirían al escenario Fito y Gonzalo, finalmente Charly intentaría, como decía al inicio, cerrar el concierto sin éxito por un desencuentro en este músico argentino y Quito, como dice Aloras.

“Charly ya venía realizando ese performance en Argentina. Para bien o para mal, ya se había naturalizado y era parte de lo que había que ver en sus show. Para mí fue un desencuentro ante un espectáculo de esa naturaleza, el que hay que disfrutar y dejarse sorprender hasta ver cuál es su devenir. Con frecuencia esas cosas pasan en sus shows, en los que además hay estadios más estables en los que Charly se pone a tocar, hasta que se vuelve a romper algo. Es una dinámica bastante compleja que no llegó a suceder por la reacción del público de Quito”, argumentaba Aloras.

Quizá fue eso, no estábamos acostumbrados a ese tipo de shows, donde la genialidad y los excesos suben de la mano a un escenario.

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